El negocio del Fútbol va al “paraíso fiscal”

Miguel Urbán y Daniel Albarracín

 “La apisonadora del dinero como siempre destruyó lo que durante generaciones al pueblo conmovió Negocios y franquicias se adueñan de tu ilusión demoler viejos estadios y abrir paso a la especulación los aficionados poco valen manda la televisión paso de ser deporte a convertirse en atracción Odio eterno al fútbol moderno!” Odio eterno al futbol moderno. (La F.R.A.C)

Esta estrofa de la Federación de Raperos Atípicos de Cádiz resume muy bien la evolución del mundo del futbol desde finales del siglo XX, y más todavía aún en las casi dos décadas de nuestro siglo. El llamado deporte rey ha desplazado otros motivos de atención, hasta el punto de ser el centro de las inquietudes de cada vez más partes de la población en todo el mundo. La excitación popular en torno a él ha sido extraordinaria, multiplicándose en su día su atracción por la promoción que hacían algunos gobiernos de los éxitos futbolísticos para la exaltación patriótica y/o para la legitimación popular de uno u otro régimen político. En nuestro país es profusamente conocido la utilización de las victorias deportivas por parte del franquismo que convertían el futbol prácticamente en una razón de estado para conquistar el corazón de las clases populares. Sobre la influencia del mundo del futbol en la política es muy recomendable una lectura del libro de Simon Kuper “Futbol contra el enemigo”.

Pero en estos tiempos que corren, el futbol se ha convertido, cada vez más, en un negocio mundial en el que los estados han sido suplantados por fondos de inversión que compran clubes “galácticos“ moviendo cifras astronómicas para obtener, con la excusa de los trofeos y jugadores franquicia, un reconocimiento como marca a escala planetaria. De esta forma, los grandes clubes tratan de acaparar a los astros con todos sus recursos disponibles, quizás el ejemplo más obsceno lo ha representado este verano la política de fichajes del Paris Saint Germain. Aunque nada debería de parecer extraño en un mundo donde la ley de la oferta y la demanda parece gobernarlo todo.

De esta forma, en la última década el negocio del futbol se ha convertido en una gran burbuja especulativa que más allá de maquillajes cosméticos como el “Fair Play Financiero” de la UEFA, esta cada vez más descontrolado, batiendo temporada tras temporada los records de inversión en fichajes y sueldos, en una espiral creciente que no parece tener fin. Solo entre las cinco ligas más grandes de Europa el gasto total en el mercado de fichajes este verano fue de más de 4.600 millones de euros.

Una situación que no solo revela haber convertido al propio futbol en una mercancía, a los jugadores en mercenarios, y a los equipos en grandes marcas, sino también es cada vez más conocido la práctica de la evasión y elusión fiscal de jugadores y equipos que está en los trasfondos de todo este atractivo teatro como reveló recientemente los papeles de Football Leaks. Obtenidos por el semanario alemán Der Spiegel, los 18,6 millones de documentos desvelan los secretos de la pujante industria del fútbol. Fraude y evasión fiscal, redes de prostitución, conexiones mafiosas, explotación de jugadores menores de edad… Los documentos informan de una monumental red de evasión fiscal que ha facilitado la ocultación cientos de millones de euros de beneficios de sponsoring, a través de una maraña de sociedades pantalla y de cuentas offshore situadas en Irlanda, las Islas Vírgenes Británicas, Panamá y Suiza.

Pero esto solo es la punta del iceberg, en los últimos años hemos visto como países establecían regímenes fiscales favorables, como el español, que reguló ad hoc la archiconocida Ley Beckham; paraísos fiscales que aceptan empresas pantalla para recibir ingentes fortunas para que paguen impuestos a niveles ínfimos; tramas de agentes que construyen arquitecturas societarias para desviar capitales de los ingresos de la publicidad y de otras remuneraciones de los grandes jugadores; fondos de inversión, de orígenes cada vez más exóticos, como Doyen Sport o Wanda, que manejan círculos de ojeadores, agentes, como Jorge Mendes, y representantes de clubes para, mediante mordidas, dominar el mercado de fichajes e incluso clubes enteros; alcaldes, muchas veces empresarios, que en su día exoneraban a los clubes de su ciudad, o que les facilitaban concesiones para especular con los terrenos municipales, para dar viabilidad y rentabilidad a los propios equipos (operación Real Madrid, Calderon, el estadio de Mestalla y un largo ect..) haciendo posible pelotazos urbanísticos. Todo esto se ha convertido en el reverso turbio del negocio/mundo del futbol.

Cabe preguntarse cuántas instalaciones y recursos deportivos, cuántos equipos municipales podrían financiarse con todo el dinero que han dejado de aportar “supuestamente” al fisco -por ejemplo, jugadores franquicia como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi; cuántas estructuras de cantera podrían haberse animado y cobrado vida con este dinero. Eso, sin hablar, de lo que podrían hacerse con el dinero de la evasión y los paraísos fiscales, sea en Suiza, Luxemburgo, el Caribe y/o en las islas dependientes del Reino Unido, para ampliar las políticas y servicios públicos como los de la educación, la sanidad, las pensiones y la atención a las personas dependientes, si tuviésemos un régimen fiscal más justo.

Desde el pasado otoño participamos en el Parlamento Europeo en la Comisión de Investigación de los Papeles de Panamá, uno de los casos más sonados de filtración de documentación sobre la evasión de las grandes fortunas a diversas jurisdicciones fiscales reconocidas como “guaridas fiscales”. La relevancia pública de esta filtración empujó a la Unión Europea a abrir esta comisión parlamentaria ante un escándalo sobre un fenómeno que, por desgracia, convive con nosotros desde hace tiempo y que forma parte sistémica de los fundamentos del capitalismo líquido de nuestra época, en la que el mundo del futbol parece ser un alumno aventajado y que ha tenido su propio espacio de investigación en la comisión.

Para la Comisión de investigación el papel de los agentes y representantes de jugadores es crítico en todos los entramados tributarios como facilitadores necesarios de la evasión. Y aunque desde hace tiempo parecen estar en la lupa de las autoridades europeas, no hay todavía ninguna medida específica pensada para ellos o sus actividades. El propio Comisario de Economía y Fiscalidad, Pierre Moscovici, afirmo el pasado diciembre en el marco de la comisión de los papeles de Panama en el parlamento europeo que “Hay todo un mundo económico relacionado con el fútbol orientado hacia la evasión fiscal, y no estoy señalando a nadie, pero hay un gran problema”

El futbol ya nunca volverá a ser lo que era, seguramente experiencias inéditas como la Democracia Corinthiana de Socrates serían imposibles en el futbol mercancía actual, pero desde luego es imprescindible que las instituciones europeas pinchen la burbuja del negocio del futbol y regulen decididamente contra la práctica generalizada de evasión y elusión fiscal