La CEOE, siempre sensible con los jóvenes

04 mar 2010
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“Queremos consensuar con los sindicatos un contrato para jóvenes, pero que no sea basura, sino todo lo contrario.” -Gerardo Díaz Ferrán, presidente de CEOE- 

              

Al director de Relaciones Laborales de CEOE, José de la Cavada, se le olvidó el martes tomarse la pastilla, y sacó los dientes cuando le pusieron un micrófono por delante: propuso, ya lo saben, un contrato ni-ni (ni indemnización por despido, ni prestación de desempleo) para los menores de treinta años, convencido de que hay “cuatro millones de jóvenes” dispuestos a trabajar como sea, incluso sin derechos sociales ni cotizaciones, y por un sueldo de risa. 

No es la primera vez que el diálogo social sufre un accidente así. Todo va bien, hasta que a un negociador se le olvida el medicamento inhibidor del instinto, y le sale el lado salvaje. Ayer, antes de que prendiese el incendio, tuvo que ser el jefe de la patronal quien saliese a desmentirlo, para a cambio prometernos un contrato juvenil que será “todo lo contrario” a la basura. ¿Lo contrario? ¿Será un contrato gourmet

La sensibilidad de los grandes empresarios hacia los más jóvenes es bien conocida entre nosotros. Sabedores del valor pedagógico que el trabajo tiene, se desviven por las nuevas camadas de trabajadores, para que vayan aprendiendo cómo funcionan las relaciones laborales ahora que todavía están frescos, antes de que se echen a perder. 

Imagino que los dirigentes de la CEOE, para elaborar sus propuestas, consultan a los jóvenes que tienen más a mano: sus propios hijos, que suelen trabajar duro para dirigir la empresa familiar (caso del vástago de Díaz Ferrán); o los emprendedores precoces que forman la Confederación de Jóvenes Empresarios, y que a menudo pasan por la derecha a sus mayores. Ayer mismo la rama juvenil de CEOE propuso un contrato único sin indemnización, con una hucha para que el trabajador guarde cada mes un dinerillo para el día que lo pongan en la calle. 

Y si no, siempre pueden consultar a los triunfadores más jóvenes en funciones de oráculo: ahí está, por ejemplo, un tal José María Aznar Botella (¿de qué me suenan esos apellidos?), que apenas superada la treintena ya imparte lecciones de economía en un periódico. Ay, juventud…


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