Un centimito por aquí, otro por allá

02 jul 2010
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“La subida del IVA no es una medida improvisada ni repentina, no va a afectar a productos básicos, y estamos hablando de tan sólo unos céntimos.” -Leire Pajín, secretaria de Organización del PSOE-

 

Desde ayer todos pagamos más IVA por muchos de los productos y servicios que consumimos. Pero si no nos lo cuentan, si no lo leemos en el periódico, ni nos habríamos enterado, pues no hemos notado nada. ¿A que no? Si es que nos quejamos por puro vicio. Total, ¿qué son unos centimillos de nada en cada compra? Una fruslería, calderilla de ésa que nadie se agacha a coger si se cae por la calle. Céntimos nada más, esa moneda tan chiquita y fea que se escurre entre los dedos. Para ser exactos, 30.000 céntimos, que son los 300 euros en que se calcula el impacto anual de la subida en cada hogar.

A falta de mejores argumentos para apaciguarnos por una medida tan impopular, Gobierno y PSOE llevan semanas insistiendo en que es una subidilla de nada, un pellizquito, ni nos vamos a enterar. El argumento es el mismo que se usa para menospreciar el recorte salarial a los funcionarios, o para desprestigiar a los trabajadores del Metro: si sólo es un 5% de bajada, una minucia, lo que te gastas en cualquier chorrada.

Pero claro, minucia a minucia, céntimo a céntimo, vas sumando y ya no parece tan poca cosa. Entre las facturas mensuales de teléfono, agua, luz o gas –que además ha subido otro 6%-, la gasolina, la cesta de la compra y los muchos comercios que por ahora no lo han repercutido pero lo harán tarde o temprano, te salen céntimos como para llenar varias huchas. Y no digamos ya si te compras un piso o un coche. Para quien ya vive al límite –y cada vez son más familias- el pellizquito acaba llevándose un trozo de carne. Luego nos extraña que, como se vio con los funcionarios, mucha gente no esté para huelgas: perder un solo día de sueldo puede ser una tragedia.

Todo es minucia, céntimos, porcentajes ridículos. Menos cuando se trata de subir los tramos altos del IRPF, los impuestos a las grandes fortunas o el tipo impositivo de los bancos. En esos casos, un 2% deja de ser una chorradilla y se convierte en un foso infranqueable, hablamos de palabras mayores. Aunque para algunos unos pocos miles de euros sean como los céntimos de la mayoría.