Prohibido escupir, fumar y decir tonterías

05 Ene 2011
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“Así empezaron cosas muy terribles en la humanidad. Primero buscaban a los judíos, y aquí empezamos por los fumadores.” -Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid-

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Vaya monazo le ha entrado a algunos fumadores con la ley antitabaco. Se ve que el síndrome de abstinencia no sólo les provoca ansiedad, irritabilidad o dificultad para concentrarse, sino también logorrea, sofistería y tergiversación, vistos los argumentos con que se resisten a que los no fumadores respiremos mejor.

Estos días oigo a algunos, amigos incluidos, agarrarse a cualquier cosa para criticar la ley. Unos repiten que los coches y la industria contaminan más, cosa muy cierta, aunque no entiendo la relación: ¿mientras no resolvamos esos humos tenemos que tragar también los del tabaco? Otros dicen que un bar no es un servicio público, y que el que no quiera humo, pues que no entre. Argumento tan inconsistente que es reversible: el que quiera humo, que no entre.

Luego están los hosteleros, que anuncian su ruina inminente. Leo noticias de camareros despedidos ¡en el primer día de aplicación de la norma! Vale, si necesitan ayudas para pasar el bajón de la crisis, díganlo y pónganse a la cola, pero no aceptamos pulpo más que como tapa.

Y por último, mis favoritos: los héroes de la libertad. La ley es dictatorial, inquisitorial, represiva, estalinista y fascista, nuestra libertad está en peligro y patatín, patatán. Se entiende su temor, viviendo en un país donde no existen prohibiciones ni normas, donde todo se resuelve con el mismo respeto que han mostrado los fumadores durante décadas.

Amigos fumadores, tranquilos, se os pasará pronto. También dijisteis en su día que no aguantaríais un viaje de varias horas sin fumar, y ya veis que sí. Mirad a vuestros colegas de otros países que llevan años fumando en la calle sin dramas, dictaduras ni ruina.

Dentro de unos años los carteles de “prohibido fumar” nos resultarán tan exóticos como esos de “prohibido escupir” que se ven todavía en tabernas antiguas. La gente sigue escupiendo, en la calle y en su casa, pero no en los bares, ni en el trabajo, ni mucho menos encima del vecino. Pues lo mismo con el tabaco, y ni siquiera hará falta añadir un nuevo cartel: prohibido decir tonterías sobre la ley antitabaco.


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