Leo Bassi y la intolerancia

29 Mar 2011
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Hace 70 años, el filósofo británico Bertrand Russell, librepensador y agnóstico, fue honrado con una plaza de profesor en la Universidad de Nueva York. De inmediato, organizaciones fundamentalistas cristianas llevaron el caso a los tribunales. El 30 de marzo de 1940, el juez McGeehan, basado en “normas y criterios que son leyes de la naturaleza, y la naturaleza de Dios”, revocó el nombramiento por considerar que constituía una “flagrante violación de la salud pública, la seguridad y la moral del pueblo”. Poco después, Russell escribió La libertad y las universidades, un lúcido alegato en favor de la libertad de pensamiento y de debate en las instituciones académicas.

Como si no pasara el tiempo, un juzgado admitió ayer a trámite, en España, la querella de una organización de abogados cristianos contra el humorista Leo Bassi por ironizar sobre el papa y repartir preservativos durante una conferencia en la Universidad de Valladolid. Se le acusa, junto al rector del centro, de delitos contra el sentimiento religioso e injurias, en una ofensiva que recuerda la que padeció hace siete años Íñigo Ramírez de Haro cuando presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid su obra de teatro Me cago en Dios. Resulta inquietante que, tras 30 años de democracia, un valor fundamental como la libertad de expresión pueda verse limitado por sentimientos religiosos, máxime cuando la Iglesia que los representa se caracteriza por mantener actitudes incendiarias y reaccionarias frente a la expansión de los derechos civiles. Pero quizá lo más preocupante es lo que Russell apuntaba siete décadas atrás: que puedan ser perseguidos el debate y el pensamiento libre en las universidades.


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