Diario de un altermundista

¿Es violento el escrache?

Las protestas en forma de escrache de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH) abrieron un amplio debate sobre si esta metodología de acción de los movimientos sociales es violenta. Esta cuestión requiere un análisis más profundo sobre de qué hablamos cuando decimos la palabra "violencia" para referirnos a esta acción concreta. Desde un enfoque pacifista definimos la paz como la ausencia de violencia. Podemos dividir la violencia en tres tipos: directa, cultural y estructural. La violencia directa se refiere a las agresiones físicas, verbales o psicológicas. Depende de nosotros, de la actitud de cada persona usarla o no. La violencia estructural es la que proviene de leyes injustas, desigualdad social, falta de libertades y derechos en una sociedad. Es decir es estructural la violencia proveniente del propio sistema, del modelo económico, político y social, que sufren más las personas más desfavorecidas y con menos recursos. Finalmente, la violencia cultural es aquella que legitima las otras. Está compuesta por discursos racistas, xenófobos, homófobos, machistas ... y también por los discursos que dan apoyo a las decisiones políticas que hacen que se profundice en la desigualdad, aumente la pobreza o se reduzcan espacios de participación democrática. Las tres violencias se alimentan entre ellas. Ejercer una de ellas hace que las otras vayan en aumento.

Entonces, que hay de violento en el escrache? Si hacemos un análisis exclusivo de la carga de violencia directa de la acción, vemos que los escraches no conllevan violencia directa, porque consisten en que un grupo de personas con un material identificativo concreto, unas pancartas y unos lemas de demanda política van a hacer ruido allí donde se encuentra el representante político para hacerle reflexionar y tomar conciencia de la importancia e impacto de su voto a la hora de decidir la aprobación o denegación de la ILP sobre desahucios. Además, las consignas de la PAH siempre han indicado unas recomendaciones a sus activistas para que la acción no entrañe violencia.

En relación a la violencia estructural, podemos afirmar que esta recae principalmente en manos de los representantes políticos, que con sus decisiones pueden hacer que haya menos cobertura social, menos libertades o que se vulneren derechos fundamentales. Es el caso que tendremos con el voto a favor o en contra de las propuestas de la PAH, porque con un voto negativo a los diputados y diputadas estarán promoviendo la marginalización, la pobreza y la exclusión social de una parte importante de la población. El escrache lo que quiere es que los representantes políticos sean conscientes de la importancia que su voto en esta cuestión tendrá sobre la vida de miles de familias. El escrache quiere hacerles conscientes de que una ley que no proteja las familias que no pueden pagar su vivienda puede causar muertes fruto de la desesperación y el desamparo. Entonces, desde este enfoque también podemos afirmar que el'' escrache de la PAH no es violento, sino que intenta reducir la violencia estructural.

En último lugar, veamos quién es violento desde un punto de vista cultural en esta temática. Los discursos de las activistas de la PAH, sus documentos y sus reivindicaciones no pueden considerarse violentos, sino más bien al contrario, lo que hacen es deslegitimar la violencia contra las personas sin recursos, contra la parte más débil de la sociedad . Por el contrario, son violentos culturalmente los que dicen que es violento recordar a los políticos que deben ser conscientes de su responsabilidad. Quien defiende que la democracia se limita a poner un voto en una urna cada cuatro años y además lo hace desde el altavoz que le da ser un representante político, está siendo violento porque están conculcando el derecho a la participación ciudadanía en el ámbito político.

Como vemos, la PAH, el escrache y las movilizaciones sociales en general hacen salir a la luz mucha violencia, pero al contrario de lo que parece, los violentos no son los que nos dicen. Los gobernantes, parlamentarios y políticos que no apoyen a las más que razonables demandas de la PAH pueden ser violentos y deben saberlo. Que no le den la vuelta a la tortilla, aquí la verdadera violencia sabemos de donde viene, y no es precisamente de los movimientos sociales. Con el escrache se apela a la conciencia, a hacer una reflexión moral sobre la urgencia de regular tal y como dice la ciudadanía la cuestión de las hipotecas, no podemos considerar violento que por eso los políticos tengan que pasar un poco de vergüenza o vivir con menos comodidad en sus espacios personales. La acción de escrache es una acción de participación ciudadana que en sí misma no puede ser considerada violenta, más bien al contrario, es una buena herramienta para trabajar por una cultura de paz.