La doble moral

Existe una gran confusión en torno al respeto a las ideas. Son muchos, normalmente personajes reaccionarios sin escrúpulos, los que afirman que todas las ideas son respetables. No, en absoluto. En todo caso, se respeta a las personas a pesar de lo que piensan porque pensar, en efecto, no es delito; pero hay ideas como el racismo, el machismo, la justificación de la violación, del genocidio, y así podríamos seguir casi indefinidamente, que no se hacen dignas del menor respeto. Tampoco las personas que las sustentan.
En la confusión que provocan aquellos que están obligados, a su pesar, a vivir en sistemas de libertad de expresión al pretender que ante la igualdad en el derecho a expresarse se equiparan moralmente las opiniones, se consigue contaminar la libertad para mostrarla como consecuencia de un sistema que, puestos a opinar, podría abolirse, ¿por qué no? La opinión es libre. Ni siquiera se puede exigir coherencia.
A mí me maravilla que los que hacen de la crítica al terrorismo una forma de vida, elevando su condición patriótica por encima de la media y despejando dudas respecto a su españolidad al exigir la presencia de la enseña nacional en todos los resquicios oficiales, sean los mismos líderes de opinión que entienden que el problema de Oriente Medio es que los palestinos, en su cobardía, ponen a los niños de parapeto para conseguir sus objetivos propagandísticos. Una vez más, se quitan la careta y nos vemos ante la descorazonadora realidad de que para ellos el terrorismo no existe, tan sólo hay víctimas. Sólo cuando el muerto es de los suyos, la acción se convierte en execrable. Si no es así, lo justifican. ¡Ojalá se limitaran a no condenarlo! Como hacen los abertzales a los que tanto critican y para los que piden cárcel.