Generando confianza

Siguiendo el juicio por cohecho de Francisco Camps, Ricardo Costa y compañía, uno acaba cayendo en la desesperación cuando, a pesar de lo que se escucha en la sala, ve cómo personas significadas del partido que nos va a gobernar sostienen todas las coartadas y excusas imaginables para que la corrupción nunca deje de ser una fuente de ingresos alternativa para los que administran los dineros públicos. Mariano Rajoy, que prometió estar siempre «detrás, delante o al lado» de Camps, ha hecho mutis, como tiene por costumbre, previendo un efecto tóxico.

Sin embargo, Mercedes de la Merced, en la radio, sigue agarrándose a la doctrina de Los Soprano de distinguir si el presunto es de «los nuestros» o no y, a pesar de ostentar un cargo delicado en la cosa ética como ser consejera de Bankia, no ve cosa reprobable en la conducta de sus compañeros y vuelve a la tesis de la conspiración política, con el argumento de que nadie resistiría una exhibición pública de sus conversaciones telefónicas.

Sorprende que pase por alto la identidad de las personas que conversan. No se está revelando la sexualidad de nadie, ni descubriendo una cita que dinamita la fidelidad de una pareja. Las declaraciones de amistad, fidelidad y amor eternos se hacen entre el que reparte y el que recibe dinero público: «Nuestra pasta».

Mal, muy mal vamos si el partido entrante continúa amparando estas conductas donde se fomenta el latrocinio pretendiendo, al mismo tiempo, generar la confianza de «los mercados». La del mercado negro ya la tienen, fijo.