Bulocracia

Reyes y piratas que no salen en El Quijote y otras falacias filibusteras

"Sabio Don Miguel de Cervantes. Querido Sancho: Compruebo con pesar, como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui defensor de los reyes, pero peores son los que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán. País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas solo reparten entre piratas".

Desde el pasado 6 de agosto, podemos ver en las redes sociales, sobre todo en Facebook y WhatsApp, esta cita atribuida a Miguel de Cervantes que se comparte en perfiles y foros de derechas para tratar de ensalzar a "los reyes" ahora que las cosas se han desmadrado para el emérito Juan Carlos I.

Incluso la ha difundido una cuenta de Vox en FB, Vox Torrijos, porque los del partido de Abascal para estas cosas son muy crédulos. Otros le han añadido a Blas de Lezo porque también encanta al sector y el guipuzcoano no tenía mucho afecto por los piratas, especialmente si eran ingleses.

Se supone que el texto es parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y que a principios del siglo XVII Cervantes ya presagiaba circunstancias 'aplicables' a nuestros días. Pero no, la cita no figura en El Quijote, en ninguna de sus versiones.

Este bulo es nuevo y desde el día 6 se ha propagado que da gusto, aunque no es la primera vez que tratan de engañarnos con presuntas reseñas de El Quijote que alertaban hace siglos de cuestiones que ahora nos acechan:

"Cuidado amigo Sancho que son los mismos que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos y ello, tanto mal vestidos cuando procede el buen hábito, como vestidos de la más cursi casta, cuando no es tan menester".

Esta frase tampoco sale en El Quijote, pero acompañada de una foto con inmigrantes recién llegados en patera encandila en foros como "FJL (Federico Jiménez Losantos) en defensa de España".

Otras patrañas piratas

Desde hace siglos se ha venido idealizando a los piratas y sus andanzas, hasta el punto de que raro es el niño al que no le gustaría ser uno de ellos. Y eso que eran los delincuentes de los mares. Buena parte de la culpa de esta idealización la tienen las películas estadounidenses, sin duda la máxima expresión del esperpento pirata, pero les pasa siempre. Ocurre, por ejemplo, con los filmes sobre la guerra de Vietnam, que se presentan en todos los casos como una contienda que únicamente libraron vietnamitas y estadounidenses, cuando no fue así.

La cinematografía ha propagado igualmente hasta convertir en mito la idea de que todo capitán pirata que se preciara debía llevar siempre un loro en el hombro. Fue reflejada en la película The Black Pirate, de 1926, y desde entonces es un clásico.

Se plasma también en las películas que los piratas asaltaban siempre grandes barcos, sobre todo españoles. Y sí, es cierto que los navíos de España eran objetivo de los piratas, pero solo en premeditadas ocasiones atacaban embarcaciones tan grandes y siempre después de una cuidadosa estrategia. No iban por el océano a ver si veían algún buque español que llevarse por delante. Además, en el caso de los asaltos a los grandes barcos, los piratas no lo hacían con una única nave, sino tras congregar una flotilla.

Si es verdad que había muchos piratas mutilados y/o tuertos, fruto de las batallas. Pero lo mismo ocurría con los marinos que prestaban servicio a sus reyes. Sin ir más lejos, el propio Blas de Lezo acabó tuerto, manco y sin una pierna, lo que le valió el apelativo de "Mediohombre".

También se confunde mucho a los piratas con los corsarios, cuando en realidad estos últimos solían ser mercenarios a sueldo de los diferentes reyes europeos, preparados para asaltar y destruir naves piratas y enemigas. Otra cosa es filibustero o bien bucanero, que sí son sinónimos de pirata, y en el caso de los bucaneros con un único enemigo según la RAE, pues los define como "piratas que se entregaban en los siglos XVII y XVIII al saqueo de las posesiones españolas de ultramar".

Otro mito que ha aportado el cine es el de las hijas de capitanes piratas que después continuaban en la profesión de su padre al mando de hombres despiadados. Los piratas de las películas siempre son hombres rudos, pero realmente hubo mujeres piratas que mandaban barcos, como la china Ching Shih (1775-1844).

Ejerció de traficante de opio, proxeneta y ya en sus tiempos defendía el feminismo. Shing sí era una auténtica pirata de película aunque no salga mucho en ellas. De esta mujer asiática se ha dicho que bebía alcohol mezclado con pólvora, que comía ratas con arroz o que se casó con un hijastro, como se refleja en Historia Universal de la Infamia, de Borges.

La filibustera formaba parte de la flota de Shih, o la Flota de la Bandera Roja, que llevaba en su barco adornada con una serpiente. El personaje de Piratas del Caribe Mistress Ching está inspirado en Ching Shih, integrante de esa armada que llegó a reunir a 70.000 piratas y 400 barcos. En cualquier caso, Shih se convirtió en la más grande, pero ni mucho menos fue la única capitana pirata.

Tampoco era un dogma de fe de la piratería hacer caminar a sus enemigos por una tabla hasta que se precipitaban al mar, donde casi siempre les esperaban unos cuantos tiburones hambrientos. Era más común abandonarlos en islas recónditas.

La bandera del pirata inglés Edward Thatch, más conocido como Barbanegra.

En cuanto a las banderas piratas, cada capitán tenía la suya. Solían ser negras o rojas y algunas de ellas incluían la clásica calavera con huesos cruzados, el Jolly Roger, pero otras no.

Los piratas mutilados tampoco llevaban por norma patas de palo y garfios. De todas formas, lo más curioso es lo del parche en el ojo, que sí es cierto, aunque no se lo ponían necesariamente porque fueran tuertos. Algunos piratas llevaban un parche tapando uno de sus ojos porque en las bodegas de los barcos no había luz y así mantenían siempre uno abierto y otro cerrado para tratar de ver mejor en la oscuridad.

Debía de ser complicado moverse por ahí, en todo caso, y más después de una buena fiesta pirata con ron, licor del que -eso sí es verdad-, los bucaneros eran entusiastas hasta nunca decir basta. Los piratas de Caribe, lógicamente, no los de otros puntos del planeta donde no se producía ron.