Cartas de los lectores

19 de febrero

Preservar las becas
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, ha vuelto a errar. Las ayudas para los estudios son intocables y tienen, desde mi punto de vista, una doble dimensión. Por un lado, paliar en alguna medida la escasez de recursos de las familias cuyos hijos quieren acceder a estudios universitarios (yo iría más lejos aún y concedería la matriculación totalmente gratuita). Por otro, dar la oportunidad a talentos ocultos de materializar su potencial real. Algunas familias sin recursos suficientes sufren en su seno problemas añadidos, derivados de las más variadas circunstancias. Mantener las becas para los jóvenes es imprescindible, es más, en el caso de algunos es su único aval para que sus padres no les envíen a trabajar. Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano por preservar las becas. No podemos olvidar que un médico o un docente por vocación es un lujo para esta sociedad economicista y egoista.
María Eugenia Bolaños
Madrid

Estado de corrupción y cleptocracia
Cuando el Tribunal Supremo condenó al juez Garzón por las escuchas a la red de corrupción Gürtel, Esperanza Aguirre exclamó entusiasmada que era un día muy alegre para el Estado de Derecho y la democracia. Una vez más Esperanza Aguirre trata de confundirnos porque ese día sólo fue alegre para el "Estado de corrupción y la cleptocracia". Carlos Dívar, el presidente del Tribunal Supremo, lamenta que no se respete la credibilidad de esta institución. Debería saber que la credibilidad no se tiene, se merece o se pierde. La corrupción ha arruinado Grecia y está arruinando España. Si el TS, en lugar de defender a la sociedad contra el cáncer moral y económico que es la corrupción, defiende a los corruptos, qué credibilidad espera tener. Es más, teniendo en cuenta las numerosas irregularidades que han dificultado la defensa de Garzón en este juicio farsa y la saña del tribunal, cabe preguntarse: ¿Quiénes son aquí los verdaderos prevaricadores?
Juan L. González
Madrid

Vivir es resistir

Hemos rebajado el nivel ético colectivo hasta rozar la indignidad humana. Estamos debilitando los valores democráticos al ritmo creciente al que se pervierten las conductas de nuestros representantes públicos y prohombres privados. Se ganan las elecciones con un programa político determinado, de inmediato se pasa al extremo contrario, y se nos vende tal deshonestidad como un mal menor e ineludible. Y los rancios tecnócratas, ahora encumbrados en el Gobierno, financian la fusión de los bancos con anuencia mayoritaria, por la misma razón que se legitiman guerras vergonzantes llamándolas de reconstrucción, cuando en realidad sirven para que "nuestros" intereses económicos "ocupen", por la fuerza, un lugar que no les corresponde en el mercado. Aumenta la discriminación económica entre poseedores y desposeídos, y nos agreden con una reforma laboral basada en el falso tamaño del déficit, que hace inevitable el expolio sobre los más débiles. La educación es un negocio para seleccionar a los más aptos; se desprecian las capacidades personales que no puedan tasarse en el mercado, y se sobrevaloran la representación huera y la codicia venable, por ser más competitivas y porque pueden ser aprendidas en la escuela privada y de negocios. El trabajo debe ser sumisión y orden, el ocio un vicio insano y el tiempo libre el único privilegio de los absolutamente excluidos.
Luis Fernando Crespo Zorita
Madrid

Sanear los activos bancarios y no los de un país
Más dinero para el sector financiero y más pan y agua para el pueblo, en esto se resume para nuestra aristocracia política la "receta mágica" que tiene previsto aplicar y que nos ha anunciado por activa y por pasiva. Es evidente, y para esto no hace falta ser un gurú en economía, que todas las medidas basadas en recortes y hostigamiento impositivo conllevarán no sólo perder el gran activo laboral y productivo del país, sino que promoverán aún más la economía sumergida.  Por ello, nuestros dirigentes echan mano de mucha demagogia y piden "otro esfuerzo por España", "que somos un gran pueblo", expresiones por cierto muy comunes en esos países bananeros que tanto suelen criticar. Además, con la mayoría absoluta algunos políticos ya empiezan a mostrar su prepotencia y falta de respeto. Este desprecio, que para algunos es anecdótico, resulta ser otro mazazo indigerible más para un pueblo que hoy sufre carencias serias y cuyas expectativas de futuro están cada vez más limitadas.
Luis Enrique Dorado
Madrid

El patriotismo energético
Ser energéticamente autosuficientes aprovechando los inmensos recursos renovables que el propio territorio nos ofrece, no sólo denota inteligencia sino también patriotismo, pues prima una solución autóctona y limpia frente a otra foránea y sucia. En momentos como los actuales, la independencia en un sector tan estratégico como es el de la energía sería capital, pues nos permitiría potenciar grandes posibilidades energéticas, industriales y laborales del país actualmente infrautilizadas y equilibrar al mismo tiempo nuestra descompensada balanza comercial evitando en paralelo peligrosas emisiones de gases que nos destruyen. Creo que no deben presumir de patriotismo aquellos que pudiendo defender esta opción energética limpia, autóctona y de proximidad, prefieren optar por caras soluciones tradicionales y sucias, que no sólo perpetúan nuestra secular dependencia energética de terceros, sino que nos debilitan económica, estratégica y laboralmente en el ámbito internacional.
Martí Gassiot Garriga