3 de abril

Prohibiciones de antaño e intolerancia de ahora
Desde el domingo de Ramos al domingo de Pascua o de Resurrección, una semana entera, España se convierte, por todos sus rincones, en una gran procesión de pasos religiosos, capirotes, cirios, velas olorosas de cera, tallas policromadas de desigual valía artística, costaleros, penitentes, ensangrentados flagelantes, rezos, saetas, cadenas o grilletes, silencios densos, faroles, música sacra, devociones sinceras y otras meramente fingidas, barrocos y estetizantes atavismos de sabor medievalizante y dieciochesco, iconolatrías múltiples y desfiles de dudosa contemporaneidad. Los españoles que no practicamos ninguna religión o los que practican otras, asistimos con respeto y resignación a este variopinto espectáculo de la fe, la tradición católica, el folklore y el negocio o marketing turístico. Lo que no es entendible es que cuando una organización laica y cívico-atea solicita permiso en la ciudad de Madrid para llevar a cabo una deambulación laica, el Ayuntamiento o la Delegada del gobierno, se lo deniegue aduciendo que es una provocación contra la mayoría de fervientes católicos. Los ateos podríamos pensar que esta ocupación de España, sus ciudades, pueblos y aldeas más remotas durante una semana, día tras día, también es una alteración-distorsión de la normalidad ciudadana, en un país cada vez más laico y menos practicante. Los muchos inconvenientes de los omnipresentes desfiles procesionales católicos no deben alterar la vida y desplazamientos de cientos de miles de ciudadanos que no participamos de estos macroeventos confesionales.
Agustín Arroyo Carro
Madrid

El cristianismo del PP
Como era de esperar, la vicepresidenta del Gobierno respondió al arzobispo de Valladolid, que había criticado el que la hubiera elegido el alcalde para el pregón de Semana Santa, cuando está casada sólo por lo civil “y en Brasil” (¡!). “No hace falta ser devoto para asistir a la Semana Santa”…  ni –podría haber añadido- para echar ese santo pregón. Por supuesto, Soraya Sáenz de Santamaría, -sí, Santamaría-, está del todo en la línea del PP, que en su reciente Congreso desestimó la enmienda que pedía cumplir con la aconfesionalidad constitucional, y eliminar de su definición lo de ser un partido “cristiano”; se argumentó que ese adjetivo tiene un sentido cultural, no religioso; así, como oyen. Y en el mismo Valladolid del pregón, una escuela pública también se opuso a retirar un crucifijo diciendo que “formaba parte del mobiliario”; es decir, en su sentido antropológico, formaba parte de su cultura, como si fuera una sartén o un canasto; en el sentido cristiano de verdad, eso es una auténtica blasfemia, como el intento de quitar el sentido religioso a lo de “cristiano”. El cristianismo cultural, “light”, para vender lo más posible, para atraer o mantener a su lado el mayor número de personas y, por tanto, de poder político, es el colmo de la corrupción, que tan a las claras practica así, condenándose con sus mismas palabras, el PP.
Emilia Novas Soler
Madrid

Kale borroka estructural
El derecho a la huelga es el próximo objetivo. Se ha abierto la veda y la derecha dispara a discreción desde sus púlpitos políticos y mediáticos. Huelga contra España, violencia callejera, kale borroka sindical, golpismo de la izquierda… son consignas comunes que la prensa canalla repite una y otra vez con el propósito de criminalizar a los huelguistas. La huelga es un instrumento legítimo para la defensa de los trabajadores reconocido en el art. 28.2 de la Constitución Española. Quiero hacer hincapié en el término «defensa» porque, evidentemente, conlleva una agresión previa.
Sin este derecho constitucional (ganado con la sangre, el sudor y las lágrimas de nuestros antepasados) la explotación patronal no encontraría apenas resistencia. Por eso es imprescindible desactivarla. Para dejarnos inermes ante sus más que deshonestas intenciones. Es indignante el retorcido discurso demonizador que difunden para justificar lo que ya consideran el crimen perfecto. Sus razonamientos no soportan un análisis superficial sin que se les vea la patita del lobo por debajo de la puerta. En cambio, se manejan de miedo con el lenguaje del odio y de la víscera.
Ana Cuevas Pascual
Zaragoza

Mariano ‘Pinocho’
El señor Rajoy como «buen» político prometía que no habría subida de impuestos. Él y su equipo se han cansado hasta la saciedad de mentir al pueblo llano y ahora vemos cómo suben los impuestos, la luz, el gas, la gasolina, el agua… y además, después de criticar tanto a los socialistas con la Reforma Laboral, ahora la están aplicando tan bien que el índice de paro ha subido por darles a los empresarios carta blanca para hacer y deshacer. Ya no valen esos juicios que antes los trabajadores ganaban por tener la razón. Ahora se les puede despedir sin justificar la causa. Todos los políticos son mentirosos compulsivos, les encanta cantar faroles como en una partida de póker y siempre engañan al prójimo. No se merecen el cargo que ostentan. Les falta humildad y bajarse del pedestal al cual están fusionados. Sin comentarios.
Ramon Masagué Arribas
Barcelona