Opinion · Realpolitik

Sánchez y el gobierno Nash

Entre los días 15 y 28 de octubre de 1962 la humanidad y la civilización estuvieron a punto de desaparecer, al menos tal y como hoy las conocemos.

Durante esos 13 días se desarrolló la mayor crisis de la guerra fría entre las dos potencias hegemónicas del momento, los EE.UU dirigidos por un jovencísimo John F. Kennedy y una URSS que comenzaba a salir tímidamente del estalinismo de la mano de Nikita Krushchev: La crisis de los misiles en Cuba.

El 15 de Octubre de 1962 un avión espía norteamericano detectó en Cuba la construcción de una serie de rampas de lanzamiento  que sin duda alguna podrían albergar misiles de medio alcance soviéticos a muy pocas millas de las costas norteamericanas.

La estrategia soviética respondía a un movimiento norteamericano previo, el posicionamiento de un enjambre de misiles “Júpiter” norteamericanos en suelo de su aliado Turquía, a muy poca distancia de su frontera con la URSS. Desde el punto de vista soviético disponer de misiles en Cuba equilibraría las fuerzas.

Desde el punto de vista exclusivamente militar, la estrategia más lógica para los  norteamericanos era bombardear las bases soviéticas en suelo cubano e invadir la isla de forma preventiva para que no se pudiera repetir la amenaza, pero evidentemente eso provocaría una respuesta soviética susceptible de desembocar en una guerra nuclear.

Desde el punto de vista soviético la mejor decisión militar era aprovisionar de misiles sus bases en Cuba para equilibrar la amenaza que sufrían desde Turquía, pero eso podría desembocar en una guerra nuclear.

Esta dramática situación es la aplicación exacta de lo que John Nash, premio Nobel de economía había teorizado con sus descubrimientos sobre situaciones de equilibrio en la llamada “teoría de juegos”, que no es más que en el análisis de las decisiones que toman los distintos actores en conflictos y en situaciones en las que pueden obtener beneficios o perjuicios en función de lo que hagan otras personas implicadas.

Concretamente, el llamado “Equilibrio de Nash” es un concepto de solución para juegos con 2 o más jugadores que tiene las siguientes características y quédense con la palabra “incentivos”

  • Cada jugador conoce y ha adoptado su mejor estrategia, y
  • Todos conocen las estrategias de los otros.

Como consecuencia de lo anterior,  cada jugador no gana nada modificando su estrategia mientras los otros mantengan las suyas. Así, cada jugador está ejecutando el mejor «movimiento» posible teniendo en cuenta los movimientos de los demás jugadores.

En otras palabras, a falta de otros incentivos explícitos, la guerra y la destrucción parecían aseguradas.

Pero como ya teorizó Nash, la única forma de romper este equilibrio era agregando nueva información sobre el tablero de juego, lo que Kennedy y Krushchev realizaron mediante conversaciones informales que dieron como lugar el desmantelamiento de las bases cubanas, las turcas y un desescalamiento del conflicto. Cuestión de incentivos.

Hoy a pesar de Trump, aún no tenemos una guerra mundial en ciernes, pero sí que tenemos sobre el tablero político español una partida que puede ser analizada desde el punto de vista de la teoría de juegos y el equilibrio de Nash, vamos con ello.

  • Para empezar tenemos un PSOE nítido ganador de las elecciones y probable beneficiado según todas las encuestas por una repetición electoral (su misil nuclear) a no ser que se le perciba como culpable de la misma. Lo cual no deja de ser un riesgo inasumible .
  • Por otro lado tenemos a un partido como Podemos en caída libre que necesita paz orgánica y espacio institucional para poder mostrar gestión, para lo cual debe pactar con el PSOE facilitando un gobierno progresista ya que de forzar con un voto en contra de la investidura una repetición electoral (su misil nuclear) , sus votantes no se lo perdonarían.
  • Y tenemos finalmente a los nacionalistas e independentistas, que si me permiten y con mucho respeto vamos a meterlos en el mismo saco, que por un lado pueden dinamitar la investidura con un voto contrario a Sánchez (su misil de RH Nuclear), pero que son conscientes de que una repetición electoral puede dar como resultado un cambio de fuerzas que o bien elimine su papel de árbitros, o encumbre un pacto a la derecha.

Dada esta situación de equilibrio, si de incentivos se trata, y es de lo que se trata, Socialistas y Podemos maximizan sus beneficios llegando a un pacto que sea capaz de alumbrar un gobierno, y los nacionalistas minimizan sus pérdidas permitiendo que este gobierno se lleve a cabo.

Por lo que si John Nash y la academia de los premios Nobel no eran unos bromistas integrales, a pesar de parones, apretones y órdagos a chica entre las partes, Socialistas, Podemos y nacionalistas comparten incentivos para llevar a  Pedro Sánchez a la Moncloa y esa es la solución más probable a la partida política a la que estamos asistiendo: Un gobierno Nash.

Curiosamente, esa es la opción que también le viene mejor, dados sus resultados electorales, a PP, Cs y Vox. Pero es que ni siquiera John Nash era infalible.