Opinion · Realpolitik

Tendremos gobierno… si Puigdemont quiere

El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una conferencia en el Trinity College de Dublin. REUTERS
El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una conferencia en el Trinity College de Dublin. REUTERS

Comienza a correr por medios y tertulias la sorprendente idea de que la constitución (o no) de un próximo gobierno de coalición entre PSOE y Podemos depende exclusivamente de la voluntad de ERC.

Error.

Las posibilidades de éxito del  pacto PSOE-Podemos depende en exclusiva de la voluntad de una sola persona, un exalcalde de Girona y expresident de la Generalitat de Catalunya cuyas máximas proezas políticas han consistido en la compra de una colección de arte absurda, cara, y  que sigue acumulando polvo en un almacén cuando era primer edil gironí, el récord mundial a la declaración de independencia más breve de la historia (8 segundos) y el gallardo y solidario prodigio de salir huyendo de Catalunya escondido en el maletero de un coche, para permitir generosamente que sus compañeros de gobierno asuman las consecuencias penales de unos delitos cometidos de forma mancomunada.

Exacto, lo han adivinado, la viabilidad del pacto PSOE-Podemos no depende de Esquerra Republicana, sino de de Puigdemont y su Independence flying circus.

¿Quieren saber las razones?

En primer lugar desengáñense, el señor Torra es poco más que un tosco senescal, no posee ni los apoyos, ni el empaque ni la voluntad política para actuar en nombre propio. Sus decisiones, no provienen de un acuerdo con sus socios de ERC, sino de alguna orden emitida con tono autoritario desde la corte de los milagros de Waterloo.

En Catalunya todo el mundo sabe que el señor Torra sirve para lo que sirve: hacer chistes de Mongetas y Butifarras, encabezar cortes de carretera,  y leer con convencimiento y voz engolada lo que le escriben otros. Eso si, es disciplinado y obediente hasta lo perruno con el inquilino de Waterloo.

Y tanto inquilino de Waterloo como su entorno saben perfectamente que lo que se está jugando con las negociaciones de gobierno no es solo el próximo gobierno de España, algo que se la trae bastante al fresco, sino el resultado de las próximas elecciones catalanas, unas elecciones para las que parte con ventaja el histórico partido republicano, muy por delante de JxCat, la candidatura instrumental de Puigdemont que no ha dejado de perder apoyos desde que consiguió la presidencia de la Generalitat.

Póngase por tanto usted en la cabeza de Puigdemont, aparte ese espantoso flequillo y piense: Teniendo el poder en Catalunya, el presupuesto de la Generalitat, una constelación de medios públicos y privados cuyos responsables viven de esto, y sobre todo, a los  Sturmabteilung de los CDR dispuestos para cualquier acción, ¿Permitiría usted que Esquerra Republicana, su verdadero rival político, se alzase en el imaginario colectivo catalán como nuevo sheriff, poniendo gobierno en Madrid y colocando tras las próximas elecciones catalanas un nuevo President en la Generalitat que, además, no va a actuar como un perrito faldero?

¿Permitiría usted ( ya saben, si fuera Puigdemont) que la agenda del diálogo, la negociación y colaboración Madrid-Barcelona sustituya al relato del enfrentamiento?

Un dato más para su análisis:  Hoy, Puigdemont y su corte de zarina en el exilio disponen tanto de herramientas suficientes para reventar el apoyo de ERC al pacto PSOE-Podemos (incluida una importante nómina de activistas a cobro revertido) como una bien regada constelación de televisiones, medios y opinadores que contarán la versión más conveniente a sus intereses. Mañana es posible que no sea así, y él lo sabe.

Por tanto, el futuro gobierno de España no va a depender de la voluntad de ERC, sino de la de Puigdemont, ya que es impensable que ERC se arriesgue dar un giro de 180 grados que pueda poner en peligro su posición de ventaja en las próximas elecciones catalanas permitiendo al expresident acusarlos de botiflers desde calles y medios para ganar las próximas autonómicas.

Es decir, que solo tendremos gobierno… si Puigdemont quiere.

Y si les parece, otro día comentamos la cuestionable necesidad política, la escasa prudencia estratégica y la nula coherencia ideológica de permitir que la viabilidad de un gobierno progresista en España dependa de  un señor muy muy de derechas, de querencias carlistas, actitudes xenófobas y que además  es un  presunto delincuente huido la justicia española.