Realpolitik

Crónica de un desencuentro anunciado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al líder del PP, Pablo Casado, en el Palacio de la Moncloa. EFE/ Juan Carlos Hidalgo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al líder del PP, Pablo Casado, en el Palacio de la Moncloa. EFE/ Juan Carlos Hidalgo

No podía ser y no fue. Como en en los siete encuentros previos entre Sánchez y Casado, la cosa acabó sin acuerdos de ningún tipo y con el gobierno y el principal partido de la oposición practicando un dontancredismo tan pulido y refinado que ni siquiera parecía que hubieran estado en la misma reunión. Todo un prodigio.

Como si fuera un partido de la liga italiana de fútbol, las defensas se impusieron sobre las delanteras y el catenaccio sobre los intereses de un país que ya mira hastiado unos encuentros que a pesar de su vistosidad aportan poco más que la fotografía de un frío saludo protocolario a la puerta del Palacio de la Moncloa.

¿Y por qué no puede ser, al menos de momento, se preguntarán ustedes? Pues miren, porque en este momento a ninguno de los dos les interesa llegar a ningún acuerdo. Vayamos a las razones.

La política, a pesar de las recurrentes y muy ocurrentes teorías conspirativas con que los exégetas la adornan para gusto y solaz de sus señoritos, es una disciplina en la que impera la teoría filosófica llamada  "navaja de Ockham" en honor al erudito fraile franciscano Guillermo (de Ockham)  y que se expresaría de la siguiente manera : En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.  Es decir, que, en política, lo que se ve es lo que hay. Y lo que ayer vimos fue tremendamente clarificador.

Por un lado, el Gobierno, independientemente de los temas tratados y el tono de los mismos, se soltó la melena con una declaración en la que culpaba al PP del bloqueo institucional y del fracaso de la reunión. Y se hizo de forma tan sumamente rápida y eficaz que el equipo de comunicación monclovita distribuyó la declaración a la prensa antes de que incluso acabase la reunión (según algunas fuentes) o en el momento en el que Casado salía por la puerta del palacio gubernamental ( según otras fuentes indiscutiblemente más generosas).

Sea de una forma o de otra, con las prisas, el Gobierno ni siquiera mencionó la propuesta de acuerdo que llevaba Casado bajo el brazo, nada menos que un pacto de estabilidad presupuestaria bajo la condición de que Sánchez  rompiese la mesa de negociación con el  independentismo catalán.

La razón de la prisa y el celo monclovita es evidente, su dibujo de la realidad deseada (los cursis lo llaman relato) pasa por pintar un  Partido Popular echado al monte, colgarle el sambenito de ser el  partido del "no a todo", del bloqueo, y del inmovilismo. Y a su líder Pablo Casado, dibujarle cubierto de pieles de bisonte y hacha de silex en mano, corriendo a la caza del mamut lanudo de la mano de Santiago Abascal y sus huestes más cavernícolas.

Un dibujo que permitiría descalificar de un simple manotazo a los populares, asociando su imagen a la de Vox y percutir tranquilamente contra "la derecha", un monstruo informe dirigido por los nacionalpopulistas de Abascal, una imagen que además de para dinamitar  al PP, sirve para cohesionar el voto progresista en el PSOE. Ya saben, el clásico Hannibal ad-portas. Tan sencillo como eficiente.

Y claro, para construir ese totem hace falta llegar los primeros a los medios, da igual que la reunión haya terminado o no, el tono de la misma y las propuestas de la otra parte.

¿Y por el lado del PP? Pues miren, con tres elecciones en puertas, lo que menos le conviene a Casado es un acuerdo con el Ejecutivo de PSOE y Podemos, por lo que su propuesta era cualquier cosa menos asumible por el Gobierno.

Así las cosas, me temo que tendremos que esperar a que pase la próxima serie electoral para que podamos tener algún tipo de acuerdo transversal. Seguramente no será la renovación del CGPJ, pero a lo mejor puede haber algún tipo de acuerdo sencillo en las 4 sillas del Tribunal Constitucional que quedan vacantes o en el nombre del próximo defensor del pueblo.

Pero esto solo se producirá cuando el enfrentamiento deje de ser electoralmente rentable… y sobre todo cuando Moncloa comience a jugar con limpieza en este tipo de encuentros con la oposición, es decir, sin buscar la ventajita facilona del factor cancha, la zancadillita por detrás y la faltita táctica en el medio del campo. No sea que el PP se enfade de verdad con todas estas estupideces de corto recorrido y el gobierno se quede sin los acuerdos que necesita.

Porque además los necesita. Y Casado lo sabe.