Educación y ciencia

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

Sinceramente, creo que con quien mejor acompañada estuvo la ciencia en el organigrama ministerial fue con la educación, lo cual en nuestro país es nada menos que un invento franquista, concretamente del ministro Lora Tamayo. Con la democracia, la ciencia empezó a vagabundear administrativamente hasta que con el retor-
no de la derecha simplemente ha desaparecido del primer nivel. En una secretaría de Estado ha quedado supeditada a algo tan curioso  como Competitividad e Innovación.

¿Tiene esto importancia? No mucha, salvo en dos aspectos que pueden ser inquietantes. El primero es constatar que los políticos en nuestro país se siguen desconcertando ante la ciencia como han hecho durante siglos. Si se analizara dónde se ha encuadrado su gestión no sólo en el Gobierno central sino en los autonómicos causaría sorpresa cuando no pasmo. En Andalucía, sin ir más lejos, va acompañada de la sacrosanta Innovación (créase que casi ninguno de los políticos con los que he hablado del asunto saben definir con precisión lo que es la innovación) y la Empresa.

El segundo aspecto inquietante de este peregrinaje es el siguiente: cada movimiento suele ir acompañado de un recorte en los presupuestos, lo que no es de extrañar en estos tiempos aciagos de crisis en que estamos sumidos. Cuando se unen las dos circunstancias, ignorancia de lo que es la ciencia y reducción de costos es cuando el problema se puede agudizar hasta unos extremos peligrosos. ¿Dónde van a recortar? Pues normalmente empiezan por donde no deben, es decir, en personal.

La comunidad científica puede sobrevivir un tiempo sin renovar el equipamiento y aún más sin viajar para asistir a congresos o mantener colaboraciones con centros extranjeros. Puede ahorrar temporalmente en muchas cosas, pero de lo que no puede prescindir casi ni un año es de la retroalimentación que supone incorporar a sus filas a investigadores jóvenes. Infinidad de especialidades investigadoras están basadas en la creatividad y el empuje de los científicos jóvenes, si estos no se incorporan por emigrar o dedicarse a otros menesteres, hay grupos de investigación y centros completos que en muy pocos años empezarán a languidecer extinguiéndose su creatividad muy pronto.

Recuperar esta pérdida es cuestión no de años sino de décadas. La nueva secretaria de Estado es persona del ámbito científico y posiblemente uno de los nombramientos más apropiados del nuevo Gobierno. Esperemos que le hagan caso y no se inicie un declive de difícil remontada.