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Newton contra Chaloner (I)

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear en la Universidad de Sevilla

Uno de los desafíos más terribles de la historia y a la vez menos conocido fue el del genio de la ciencia, Isaac Newton, contra el genio de los truhanes, William Chaloner: dos auténticas malas personas. El premio del vencedor era incierto, pero el castigo del perdedor era acabar hanged, drawn and quartered. Este castigo medieval, reservado a la alta traición, consistía en colgar por el cuello al condenado con cuidado de no matarlo; después, castrarlo y vaciarlo de tripas echando la casquería al fuego y procurando el verdugo en todo momento que el desgraciado mantuviera la consciencia; y, finalmente, descuartizarlo por el tiro de cuatro caballos. El asunto duraba varias horas para regocijo del respetable, siempre nutrido y jaranero.

Newton, en la cima de su fama europea al ser considerado, justamente, como el más grande matemático y físico, sufrió una profunda crisis. El agotamiento mental tras décadas de intenso trabajo en soledad, los remordimientos de abrazar íntimamente la herejía antitrinitaria siendo catedrático del Trinity College de Cambridge y los vapores de mercurio inhalados por sus actividades alquímicas, lo dejaron hecho unos zorros. Tanto que abandonó la cátedra, caso tan raro en la historia como insólito hoy día. Por su gran valía y su demostrada lealtad al nuevo rey anticatólico le concedieron una sinecura en Londres: la dirección de la Casa de la Moneda. Se trataba de que cobrara un buen estipendio con la condición de que no hiciera nada, o sea, como un ex alto cargo actual.

Chaloner era un canalla que, partiendo de cero y tras abandonar a la familia en su pueblo, hizo fortuna en Londres. Sus mejores golpes los dio organizando conspiraciones católicas y denunciando a los conspiradores por la recompensa y el buen rato que le deportaba verlos hanged, drawn and quartered. Eso le proporcionó grandes amigos y mayores ambiciones. La falsificación de moneda destacaba en aquellos tiempos como la actividad delictiva más lucrativa. Había monedas de plata limadas y recortadas, de oro aún en peores condiciones, gran variedad de valores faciales, diferencia cada vez más abismal entre la moneda acaudalada y la circulante, y, por supuesto, monedas falsas por doquier. Era tal el caos monetario que hacía peligrar la victoria en la guerra que se mantenía contra Francia. Tanto que se decidió la reacuñación, grandioso proceso que si no llegaba a buen fin podía acabar con Inglaterra como país independiente.

Así pues, Chaloner vio su oportunidad en, nada menos, controlar el proceso de reacuñación, para lo cual no tenía más que introducirse en la Casa de la Moneda usando sus influencias en la corte. Pero allí se topó con Isaac Newton, del que le habían dicho que no era más que un científico recién caído del guindo. ¿Era eso acaso un inconveniente serio?  El jueves que viene lo veremos.