Opinion · Ciudadano autosuficiente

Enfermedades (y tal vez cáncer) en nuestro plato

 

El aceite de palma es un tema que hace correr mucha tinta últimamente porque está señalado con el dedo como responsable de producir cáncer y otras enfermedades. La ONG Amigos de la Tierra reporta que un europeo de media consume 12 litros de aceite de palma por año; lo que es un poquito sorprendente y preocupante también porque no es un ingrediente común de la vida cotidiana a diferencia del aceite de oliva o de girasol. ¿De dónde viene esta cantidad?

El aceite de palma es muy popular en el sector agroalimentario y la industria cosmética. Lo encontramos en muchos productos alimenticios vendidos en supermercados como las patatas fritas o chips, las galletas, las cremas de chocolate para untar, etc. Los principales productores de la palma de aceite (Elaeis guineensis) en el mundo son Indonesia y Malasia. Para responder a esta demanda importante en aceite de palma, nuevos países como Brasil y Colombia han emprendido el cultivo de su árbol. Sin embargo, aunque es un aceite muy solicitado, causa también problemas ecológicos y de salud.

En primer lugar, el cultivo de la palma de aceite es responsable de 80% de la deforestación en Malasia según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En efecto, se destruyen  grandes superficies de plantaciones y de bosques para plantar palma de aceite; además es un árbol que tiene un crecimiento muy rápido, lo que representa una ventaja para los explotadores. Los bosques son depósitos de CO2 y son ricos en especies como los orangutanes. La deforestación masiva provoca un aumento de los gases de invernadero porque hay menos vegetación para hacer la fotosíntesis y causa una reducción de la población de orangutanes y otros animales porque están perdiendo su medio de vida.

Por otra parte, aunque es un aceite rico en nutrientes como el beta-caroteno y el tocoferol que son precursores de las vitamina A y E, es una fuente importante en grasas saturadas que favorecen la acumulación de colesterol en el cuerpo. A fin de dejarlo listo para las necesidades de la industria alimentaria, está decolorado, desodorizado y refinado. Después del tratamiento, obtenemos un aceite blanco que ha perdido todos sus nutrientes y que ahora tiene sustancias cancerígenas a causa de las temperaturas altas utilizadas durante el refinado.

Ciertamente, el aceite de palma es muy rico, a menudo es utilizado en ciertos países africanos para prevenir la deficiencias en vitamina A, y ha permitido sustituir la utilización por la industria alimentaria de aceites parcialmente hidrogenados que son fuentes de grasas trans que son malas para la salud. Sin embargo, está demasiado presente en los productos que consumimos y como sabemos, el exceso de toda cosa es nocivo y el consumo excesivo del aceite de palma no es una excepción a esa regla. En efecto, aumenta los riesgos de las enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo saber qué estás consumiendo aceite de palma? Esto es un poco complicado porque podemos encontrarlo en muchos productos: desde los helados, las cremas de cuerpo, las  galletas hasta la leche infantil. En Europa, las industrias no tenían la obligación de decir que tipo de aceite utilizaban exactamente en los productos, la denominación “aceite vegetal” o “grasa vegetal” es suficiente en la lista de ingredientes. Esto cambió a partir de la norma de 13 de diciembre de 2014, que obliga a detallar el origen del aceite, aunque el aceite de palma puede aparecer de diversas formas.

Podemos ver que los productos industriales que nos son propuestos no son necesariamente los mejores por nuestra salud y para el medio ambiente. Una de las soluciones para evitar o reducir el consumo del aceite de palma sería que los consumidores buscasen activamente la mención “aceite de palma” en la lista de ingredientes. Además, si no queremos consumir estos substancias añadidas, podemos cocinar más y evitar de comprar estos productos industriales.

Fatima Ouedraogo

Enlaces de utilidad

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