Opinion · Ciudadano autosuficiente

Deja de pensar en lo que comes y pon atención a lo que no comes

Cuatro trucos para que las personas muy ocupadas eviten el desperdicio de alimentos

Nosotros y nuestra cultura popular tenemos una tendencia a equiparar una dieta sostenible con una que sea local, ecológica y basada en vegetales. Y suena genial. Y es importante. Y es verdad, en su mayor parte.

Pero aquí está la cosa: estás ocupado. Te despiertas todos los días al amanecer, recorres la ciudad, trabajas 8 horas, vuelves a casa, alimentas a tu mascota, llamas a tu madre. Acabas de leer una receta de lasaña vegetariana y te dijiste que la cocinarías esta noche, pero te quedaste sin papel higiénico y el aire acondicionado se rompió. Cada segundo que pasa, el número de teléfono de ese pizza-rapid pegado en tu refrigerador es más atractivo. Queremos tener una dieta sostenible con verduras del mercado de agricultores locales. Pero, para muchos de nosotros, ajustar el tiempo en nuestros horarios para explorar los mercados locales de alimentos en busca de productos frescos y orgánicos es, en el mejor de los casos, difícil e imposible en el peor.

Es más necesario que nunca repensar la noción de lo que constituye una dieta sostenible para el consumidor promedio. De hecho, pensar en dietas sostenibles solo en términos de qué tipo de productos comemos deja de lado otro elemento extremadamente importante: los alimentos que no comemos.

Más de la mitad de los alimentos que se pierden o desperdician a lo largo de toda la cadena de suministro se producen al final, en la parte de los consumidores. Se estima que los hogares en el Reino Unido desechan un tercio de los alimentos que compran, que los estadounidenses desperdician una libra (casi medio kilo) de alimentos por persona todos los días y que todos los consumidores en los países industrializados desperdician casi tanto como la producción neta de alimentos en los países del África subsahariana. Estas cifras no solo contribuyen a la inseguridad alimentaria y al hambre en el mundo, sino que los efectos ambientales son igual de graves: al comprar alimentos en exceso y comer en restaurantes que derrochan, estamos alimentando la demanda de producción en masa de alimentos que, a su vez, representa el 29% de las emisiones totales de carbono del mundo.

Así que vamos a ver cuatro maneras en que puedes reducir su contribución al desperdicio de alimentos en tu vida diaria, que no suponen apenas esfuerzo:

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Empieza a escribir la lista de la compra

Un gran contribuyente al desperdicio de alimentos es comprar demasiado en la tienda de comestibles y dejar que los alimentos no consumidos se desperdicien. Si te encuentras a menudo tirando alimentos no consumidos de su refrigerador, tómate cinco minutos para hacer una lista antes de ir a la tienda. Anotando de antemano los productos que necesitas, puedes reducir significativamente la cantidad de alimentos que se aposentan, se estropean y finalmente se desperdician en su hogar.

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Haz buenas migas con tu congelador

El congelador es un aparato a menudo olvidado pero extremadamente útil. Si compras en cierta cantidad y tienes congelador a -18ºC con espacio suficiente, almacena más alimentos adicionales en tu congelador para prolongar la vida útil de los productos. Congela inmediatamente los alimentos que sabes que no vas a comer en ese momento, como fruta y pan, y prepara y cocina artículos perecederos y luego guárdalos; por ejemplo, hornea y congela pechugas de pollo o fríe y congela unas albóndigas. Hazte amigo de tu congelador y revísalo regularmente.

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Prefiere los restaurantes que se preocupan por usar bien los alimentos

Si simplemente no puedes prepararte tu comida y estás deseando salir a comer, investiga un poco antes de ir a cualquier sitio. Algunos restaurantes han dado pasos hacia la sostenibilidad de su abastecimiento y uso de alimentos que están cambiando la industria para mejorar. Por ejemplo, Iván Plademunt, propietario del restaurante Plademunt en Alcalá de Henares, Madrid, España, se enorgullece de la presentación sabia y sabrosa de sobras de su restaurante, que de lo contrario sería comida desperdiciada.

Aunque no lo hagas por el buen nombre del restaurante, al menos llévate a casa los alimentos no consumidos de tu plato y guárdalos para comerlos más tarde.

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Organiza un «día de sobras» cada pocas semanas.

Hablando del almacenamiento de alimentos para comer más adelante, recuerde que la parte más importante de guardar alimentos es comérselos cuando llegue el momento. Dependiendo de tu estilo de vida, planifica un día todas las semanas o cada pocas semanas para que sea tu «día de sobras», y lleva algunas sobras al trabajo o tómalas para la cena. Bonus: No tendrás que cocinar.

Sophie Rusen

 

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