Ciudadano autosuficiente

Deja de tirar el dinero: aísla tu casa en serio

A la derecha, clásica fachada de ladrillo vista, sin aislamiento exterior. A la izquierda, una fachada con aislamiento exterior.

Según la Unión Europea, en torno al 75 % de los edificios son ineficientes desde un punto de vista energético. En España,  esto se traduce en que algo más del 14% de lasemisiones directas de gases de Efecto Invernadero (GEI), provienen del uso residencial de los edificios.

España es el 5º país de la UE con mayores emisiones procedentes del uso de edificios residenciales y comerciales. En 2019, según la Agencia Europea Ambiental, emitimos el equivalente a 26 millones de toneladas de CO2 en GEI. Esto es más que las emisiones de transporte marítimo o de transporte aéreo del país.

Esto se explica en parte por el parque inmobiliario que tenemos. Según el censo del 2011, un 58% de las residencias en España se construyeron antes de que existiera ninguna normativa de aislamiento térmico. Aun así, las regulaciones antes de que se aprobara el Código Técnico de la Edificación en 2006, eran muy laxas. Así, en España, casi el 90% de las edificaciones son ineficientes. Son como un saco con agujeros. Estamos usando energía en forma de calefacción o refrigeración y se nos escapa por las paredes, los techos, los suelos, los huecos, las vigas, los marcos de las ventanas...

El mal aislamiento es una de las razones por las que, a nivel mundial, un 40% de la energía final se destine a la edificación. Aunque haya que abordar otros temas como son la industria de la construcción y el transporte, la UE también apuesta por remodelar el parque de viviendas actual - además de la construcción de edificios con emisiones de GEI  nulas o casi nulas. 
En las directivas sobre eficiencia energética se insta a los Estados Miembros a proporcionar orientaciones y llevar a cabo medidas y acciones, poniendo especial atención en el parque inmobiliario con peor rendimiento o en las personas más vulnerables.

De esta manera, en las últimas décadas, los gobiernos han aprobado regulaciones más restrictivas para los edificios de nueva construcción a la vez que han aprobado diferentes planes de financiación para la rehabilitación de edificios.
En este último sentido, desde el Estado, los diferentes gobiernos han ido implementando planes de subvenciones: el Programa de fomento de la rehabilitación edificatoria, el Programa de Rehabilitación Energética de Edificios (PREE): o el PREE para municipios de menos de 5000 habitantes (PREE 5000). Y no serán las últimas.

Además de las ayudas estatales que suelen ser gestionadas por las Comunidades Autónomas, muchos municipios han querido sumarse implementando planes propios con un enfoque de eficiencia energética: Sevilla, Valladolid, Barcelona, Hospitalet de Llobregat, Madrid, Zaragoza, Valencia… Incluso algunas ciudades españolas se han sumado al proyecto Buildupon2 para crear un marco común de rehabilitación del parque inmobiliario.

Pero, como en todo lo referente a la lucha por frenar el cambio climático, las responsabilidades toca repartirlas. Y en la que se refiere a los usuarios de los edificios, es decir, nosotras las personas, nos encontramos con un grave problema: convencer a todo el bloque de vecinos - para aquellos que tenemos vecinos. Por eso, este artículo quiere subrayar varios beneficios para ver si terminamos de vencer a esa parte nuestra que se muestra reticente al cambio y a mejorar en eficiencia energética:

• Mejorar la eficiencia energética de nuestro edificio supone un ahorro energético. Eso a su vez se transforma en ahorro económico. Con algunas de las soluciones que existen, se estima que el ahorro energético puede superar el 50% y se amortiza en menos de 10 años (una instalación que dura más de 50 años). Esto es una clara muestra de los ahorros a largo plazo que podemos conseguir instalando, por ejemplo, un Sistema de Aislamiento Térmico Exterior (SATE).

• Además estas reformas suponen dejar una herencia positiva a las generaciones futuras. Una herencia con dos caras: la cara del planeta más sostenible y la cara de la vivienda más confortable que dejaremos en herencia para aquellas personas que seáis propietarias de una vivienda o un inmueble.

• Y por último pero no por ello menos importante, reducir la energía que consumimos implica reducir la dependencia que tiene España en cuanto al suministro energético. En 2017 importábamos el 73,9% de la energía que consumíamos . Ésto nos hace mucho más vulnerables a las fluctuaciones de precios o a las exigencias de los proveedores. Esta situación provoca inestabilidad y falta de margen en la toma de decisiones relacionadas con la energía. Reducir ese porcentaje, implicaría tener más capital público disponible para otras demandas como, por ejemplo, aumentar el porcentaje de energías renovables de origen local y nos permitiría desligarnos de las fluctuaciones políticas y bélicas lejanas que se dan con el gas natural  o el petróleo.

Vemos por lo tanto que las bases están puestas. Existe la voluntad, la técnica y la conciencia de muchas personas. Pero todavía nos queda mucho por hacer. 
Hay que demandar más esfuerzos a las instituciones ya que estamos hablando de un parque que, en 2011, constaba de más de 25,2 millones de viviendas. Los planes de los gobiernos, si incluimos los que están aprobados pero no realizados, cubren actuaciones que afectan, aproximadamente, al 10% de dicho parque. Un número muy corto. Por eso, más cantidad de ayudas y más accesibles acelerarán la remodelación necesaria que necesitamos. 
Y también son necesarios más planes de intervención como los que se han llevado a cabo en Pamplona con el Proyecto Chantrea o en Valladolid, con los que se han rehabilitado miles de viviendas.

Y hay que convencer al vecino. Si la situación económica es lo que nos dificulta realizar la reforma, busquemos ayudas económicas. También, recordemos que, a medio plazo, habremos recuperado la inversión y empezaremos a ahorrar. Si lo que nos puede es la pereza de la obra, recordemos que una vez superadas las incomodidades de las obras (que a veces son muy sencillas) se compensará con el confort de tener casas más habitables. Y si necesitamos un poquito más de motivación, recordemos que está en manos de todos hacer este planeta más sostenible y que, a la larga, ganamos todos.

Texto e imagen: Darío Montes