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Reino Unido financia, Francia ejecuta: una frontera y muchas muertes

'Paz'. Graffiti en las inmediaciones de la 'jungla de Calais'. Foto: Malachybrowne / CC BY 2.0
‘Paz’. Graffiti en las inmediaciones de la ‘jungla de Calais’. Foto: Malachybrowne / CC BY 2.0

Julio Díez, Sabela González

Entre árboles despoblados por el otoño y tiendas de campaña, dos agentes franceses portaban en la mañana del 1 de noviembre una camilla cubierta por una sábana blanca en la nueva jungla de Calais. Mientras, bajo la atenta mirada de aquellos que sí habían sobrevivido la fría noche, los más allegados despedían a su joven amigo nigeriano. Con él ya son 43 los casos -registrados- de personas que han perdido la vida tratando de cruzar la frontera francesa hacia el Reino Unido durante este año. Atropellados unos, otros congelados en el interior de un camión, y en este caso, por calentarse durante la noche y aparecer la mañana siguiente muerto por inhalación de monóxido de carbono, según medios franceses.

Las personas se mueven, siempre lo han hecho y siempre lo harán. Para algunas no es una opción, aseguraban desde el Consejo para el Bienestar de los Migrantes (JCWI por sus siglas en inglés) tras conocer el mediático caso de las 39 personas vietnamitas halladas congeladas en la ciudad británica de Essex. “Nadie debería siquiera dudar de que los últimos responsables por las muertes son las medidas políticas que han cerrado deliberadamente las rutas seguras y legales para llegar al Reino Unido”, reprochaban al gobierno inglés.

Sin embargo, la Unión Europea de la que -por lo menos hasta enero 2020- Reino Unido es miembro, comparte con éste la gestión de los fondos europeos destinados a  ofrecer y fortalecer vías de migración legal hacia el Estado británico. Organizaciones inglesas que conocen la realidad desde dentro, como Care4Calais, valoran la dificultad de acceso a través de este sistema “para poder solicitar asilo en el Reino Unido, la persona debe estar físicamente en el país a menos que llegue a través de programas de reunificación. Se ha convertido en imposible para las personas que quieran llegar al Reino Unido de manera segura”. Este hecho, concluyen, “es el motivo por el que la gente sigue tomando vías peligrosas”.

Mohammed -nombre ficticio para mantener su anonimato-, afgano de 19 años, salta por las noches al techo de los camiones que paran a repostar en Calais y, en tan solo 6 segundos, hace un agujero, se cuela en el interior y busca un lugar entre la mercancía para no ser visto. “Es práctica, todos los días lo intento, y en el momento en el que empiezas, sabes que tienes que ser rápido, son máximo 10 segundos para entrar en el camión si no quieres que te pillen”, dice Mohammed mientras valora la cotidianidad con la que los agentes de seguridad franceses lidian con estos intentos de cruce.

Según las cifras del Ministerio del Interior inglés, las patrullas francesas han impedido que hasta 700 inmigrantes zarparan de sus costas en 2019 y más recientemente, tras desalojo de los asentamientos de Calais y Dunkerque, medios británicos hablaban de récord después de que los guardacostas franceses interceptaran 86 personas cruzando el Mar del Norte en un sólo día en distintas embarcaciones pequeñas .

Reino Unido mantiene una larga tradición de cooperación transfronteriza en materia migratoria con Francia basada en el principio de que Reino Unido financia y Francia ejecuta, justamente porque el primero no participa del fondo europeo que financia la gestión integrada de las fronteras exteriores y la cooperación policial para luchar contra el tráfico de personas, así como la política de visados que permiten la migración legal.

Al menos 70 Millones de euros del Fondo conjunto entre los dos países han sido invertidos por Reino Unido en medidas de seguridad en la frontera con Francia, de los que, entre otros, 5.1 Millones de euros fueron empleados por los franceses para levantar la cerca de cuatro metros de alto alrededor de la zona portuaria de la ciudad de Calais. No en vano, la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos del Hombre estimó ya en 2015 que “Francia es el brazo policial de la política migratoria británica”.

Dos condenas Consejo de Estado francés a las conducta del Estado por permitir “condiciones inhumanas y degradantes” en Calais, y desalojos tan intermitentes -en los últimos días, en torno a 50 familias han vuelto a ser desalojadas y reubicadas en centros de acogida del país – como no resolutivos -alrededor de 900 de las 1.300 desalojadas en septiembre habían regresado en las primeras semanas a los asentamientos de Calais y Dunkerque-, muestran la forma en la que Francia ejecuta la política migratoria británica.

No obstante, este hecho no impide la continuación de esta práctica y mucho menos merma la voluntad de los migrantes a conseguir alcanzar Reino Unido.  La semana pasada, medios franceses comentaban cómo 15 hombres iraníes interceptados mientras cruzaban el Mar del Norte en una pequeña embarcación, se negaban a ser rescatados por los guardacostas franceses y se resistían hasta llegar a aguas inglesas donde finalmente fueron puestos a salvo por una patrulla británica.

Estas tensiones y rechazos por parte de los gobiernos francés y británico a la hora de lidiar con las personas migrantes irregulares perjudica, como se ha visto en las pasadas semanas con el incremento de las muertes en el Canal de la Mancha, a los mismos migrantes. Como aseguran desde Care4Calais, “sin vías legales para solicitar asilo, traficantes y contrabandistas seguirán explotando a estas personas en situaciones vulnerables y muertes evitables seguirán ocurriendo”.

Son todavía muchos los que a diario arriesgan su vida en esta travesía, 42 los que ya la perdieron en 2019 y más de 900 siguen viviendo en tiendas de campaña en las junglas del  Norte de Francia.

Sabela González es periodista de investigación especializada en migraciones y Derechos Humanos.