Opinion · Contraparte

#YoConPablo, Casado y la reconstrucción de la derecha neocon

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Pablo Carmona Pascual (@pblcarmona)
Concejal en el Ayuntamiento de Madrid

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El proceso de primarias en el Partido Popular hasta llegar a su XIX Congreso ha sido un fiel reflejo del estado de ánimo de un partido en situación crítica. A la falta de ritmo propia del Marianismo se ha sumado la novedad de tener que someter la estructura del Partido Popular -acostumbrada a autoreproducirse en acuerdos de despacho- a un proceso de primarias que obligaba a debatir públicamente.

A pesar de ello, el experimento no ha salido del todo mal y ha permitido -sobre todo a los viejos sectores neoconservadores- jugar una baza clásica de sus admirados republicanos estadounidenses, la escenificación de la movilización de las bases y de su militancia contra el stablishment de partido.

Aunque sea tímidamente, este hecho es el más relevante del proceso de primarias. Se trataba de devolver la ilusión y volver a movilizar a los sectores activos de la derecha, aquellos que habían quedado sepultados bajo la desilusión y la pérdida de cancha electoral y discursiva en favor de Ciudadanos. Para ello -una vez más-, se acudía a la receta neocon de levantar un proceso político apoyado en los núcleos más activos del partido y dándole protagonismo a la movilización desde abajo. El objetivo, recuperar el imaginario de 2004 cuando el Partido Popular de Aznar salió derrotado tras las mentiras sobre la autoría del 11M y la movilización popular del movimiento contra la guerra, en términos futbolísticos “recurrir a la heróica”.

Sin duda, existen similitudes entre aquel 2004 en el que el gobierno del PP se hundió de la noche a la mañana en favor de un gobierno socialista. De hecho -aunque más debilitados- en la campaña por Casado han participado muchos de los actores de aquellos años. Los periódicos digitales de entonces como Libertad Digital y los nuevos como OKDiario o los movimientos ultraconservadores como HazteOir son buen ejemplo de ello. Y de nuevo Madrid como teatro central de operaciones, pues recordemos que Casado perdió en primarias en todas las provincias menos en dos, Baleares y Madrid. En este segundo caso su victoria fue aplastante, con un 54,4% de los votos que, sumados a los de Cospedal superaban el 76%. Un dato que ha sido crucial para expandir la remontada hacia el resto del Estado.

Es conocido que los sectores neoconservadores llevaban tiempo intentando dar continuidad a su operación, al más puro estilo estadounidense, sólo hay que ver las constantes incursiones del musculoso Aznar desde cualquier tribuna que le dejasen. Pero se sabía que aquel camino que comenzó Aznar en su segundo mandado a primeros de los 2.000 y que quedó truncado por el movimiento contra la guerra, la aparición del 15M y las múltiples tramas de corrupción descubiertas, necesitaba renovar su imagen si quería tener algún futuro. Ni el clan Valladolid, ni el Clan Becerril, ni los aguirristas, ni el PP valenciano sobrevivieron a su propia realidad, la corrupción incrustada hasta el tuétano y como modus operandi de sus gobiernos.

Recordemos que Casado perdió en primarias en todas las provincias menos en dos, Baleares y Madrid

Todo ello ha tenido como consecuencia que el mayor reto para Casado sea lograr que el PP recupere el favor de muchos sectores de la oligarquía y de los aparatos del Estado -empezando por el judicial-, que han visto en el Partido Popular y en sus tramas de corrupción más un factor de desestabilización del sistema que de afianzamiento del mismo. Una realidad harto peligrosa para un partido que en sí mismo se ha construido como un aparato más del Estado y que corre un riesgo cierto de quedarse al borde del precipicio, como ya apuntan todos los sondeos electorales.

La España de los balcones y las banderas.

La apuesta por Pablo Casado debemos leerla por tanto, como el último intento por recomponer el bloque neoconservador en la derecha española, incluso asumiendo el riesgo de enfrentarse al caso Master y del título de su licenciatura. Pero con una buena parte de sus huestes ya jubiladas, procesadas o encarceladas se ha tenido que recurrir a la última joven promesa popular, aquella que se dio a conocer en las Nuevas Generaciones por saber elaborar y defender con soltura el mensaje aznarista y ponerlo a circular sin ningún tipo de pudor. De Pablo Casado se recuerda su famosa frase en 2009 “Nosotros no idolatramos a asesinos como el Che Guevara, sino a mártires como Miguel Angel Blanco”.

Justo cuando la imagen del Che Guevara se había convertido en todo el mundo en un icono pop, ¿por qué cargar contra un personaje tan reconocido y que generaba tantas simpatías como revolucionario histórico? Pues precisamente por recuperar la primera máxima del movimiento neoconservador, no tener miedo a cargar contra los sentidos comunes conquistados por las fuerzas progresistas. La gran victoria del neoconservadurismo americano a finales de los setenta fue atacar los grandes paradigmas instalados por los mayos del 68: derechos civiles y laborales, discurso feminista o el ecologismo, tal y como hizo George Bush décadas después negando la existencia del cambio climático.

Si nos fijamos ahora en la campaña de Casado -y para sorpresa de muchos-, esta línea se ha seguido a rajatabla. Primero cargando contra el 15M como un movimiento de “pijos” que lo que querían era tener una segunda casa, también contra el movimiento feminista en temas como el aborto, a partir de lo que los neoconservadores denominan “la ideología de género” y, por supuesto, cargando también contra los procesos de recuperación de la memoria histórica y defendiendo la mano dura con respecto al independentismo catalán. En definitiva, tratando de construir su propia posición por el camino de la confrontación contra algunos de los pilares más consolidados y de mayor consenso generados en el campo político opuesto.

Muchos analistas desde la izquierda han mirado con una sonrisa condescendiente y cierta superioridad moral esta apuesta dentro del Partido Popular. Se considera una apuesta perdedora al privilegiar a las minorías más recalcitrantes del partido. Puede que esto sea cierto, pero la apuesta de fondo no está en provocar un estallido electoral inmediato, sino en demarcar unos límites claros y bien definidos para la actuación de esas minorías activas, devolver el protagonismo a las bases y reforzar así campos de acción más amplios. Y parece que la propuesta, a la vista de los resultados de las primarias, ha sido ganadora entre los populares.

En el futuro inmediato se va a volver a tener que disputar la hegemonía del relato sobre la crisis venidera

Se cumple así con el segundo mandamiento de los sectores neocon, ser capaces de capitanear apuestas electorales que vayan acompañadas del movimiento de las bases y de cierta épica de la rebeldía, algo que Casado ha sabido jugar como representante del orgullo de la militancia contra el aparato de partido. Una línea que ha quedado plasmada en su eslogan:“el PP debe liderar la España de los balcones y las banderas”.

La apuesta por Pablo Casado es arriesgada, pero no se puede negar que Europa está viviendo un notable giro ultraconservador. Más allá de su éxito inmediato, la pregunta es en qué medida este rumbo marcado por el PP va a ser capaz de aprovechar los vientos conservadores que soplan en toda Europa.

En el caso español su éxito no está a día de hoy nada claro. Pero también es cierto que el espíritu del 15M se ha apagado y ha sido sustituido por los sainetes electorales y políticos del bloque del cambio. También que existe un marco de inestabilidad política permanente y que los primeros signos de una nueva crisis económica a escala europea están empezando a anunciar un nuevo cambio de fase.

Por ahora son pocos los datos con los que contamos, pero es cierto que en el futuro inmediato se va a volver a tener que disputar la hegemonía del relato sobre la crisis venidera. En 2011 el relato triunfante fue el de la apuesta por una revolución democrática, el de la distribución de la riqueza y los derechos políticos frente a la austeridad y los recortes. Pero ¿qué sucederá en la próxima crisis?

Ya se han empezado a apuntar algunos temas, el primero de ellos es el de los refugiados y la inmigración. En este terreno se puede intuir que si no se logra dar una respuesta real y efectiva desde posiciones antirracistas, antifascistas y de derechos sociales, si no se logra escapar de las medidas cosméticas y abordar un marco europeo radicalmente distinto al actual, podrán aparecer importantes grietas. En la tópica neocon, la crítica contra el multiculturalismo, la geoestrategia securitaria y las medidas tipo “los españoles primero” serán las que intenten abrir la puerta a un aumento de votos conservadores. Por el momento el Partido Popular está debilitado y en fase de reconstrucción frente a la apuesta liberal ganadora de Ciudadanos. Ahora toca comprobar si esta apuesta neoconservadora logrará reflotar al Partido Popular y dotarle de un nuevo rumbo político o simplemente consolidará un espacio donde languidecer en favor de Ciudadanos.