Opinión · Contraparte

Más Madrid, segundas partes nunca fueron buenas

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Montserrat Galcerán, Patricia Perán y Javier Miñones

Bancada Municipalista

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La noticia de la semana en Madrid ha sido el anuncio, hecho por Iñigo Errejón, de que se presentará a las elecciones de la Comunidad de Madrid en tándem con Manuela Carmena bajo la marca de Más Madrid. Su argumento es que hay que sumar a más gente de la que votaría a Podemos así como a Ahora Madrid. Sin embargo y a pesar de su invitación a sumar, Más Madrid parte con menos heterogeneidad en su composición de la que tenía Ahora Madrid en su momento. Y aunque Podemos no tenga mucha es seguro que Más Madrid tiene aún menos.

El caso de la alcaldesa y el del flamante aspirante a la presidencia de la Comunidad son muy distintos, por más que la primera haya terminado por cobijar al segundo. Ahora Madrid surgió en 2015 tras un largo periodo de encuentros, debates y discusiones entre varios centenares de personas para definir el programa, el código ético, la carta financiera y, al final, las listas electorales. Se peleó lo indecible para asegurar que habría primarias proporcionales, lo que garantizó una real pluralidad en la candidatura final. Podemos se sumó, ya muy avanzado el proceso, trayendo de la mano a Manuela Carmena.

Por el contrario Más Madrid es una plataforma en torno a la alcaldesa que dicta sus condiciones para colocar en la lista a las personas de su confianza sin primarias proporcionales ni consulta ninguna. Tan segura está de su victoria que impone sus vetos. De modo que, aunque verbalmente se diga que es una plataforma abierta, no se constituye de forma democrática sino estrictamente personalista. La apertura está en llamar a votar la candidatura, no a integrarla, a ciudadanos y ciudadanas de diversas convicciones políticas pues al presentarse como un proyecto apartidista se coloca por encima de los partidos y sus contiendas. No voy a defender a los partidos y sus trifulcas internas pero Más Madrid también es un partido y no más sino menos democrático que cualquier otro. ¿Dónde está entonces la mejora? Sin democracia ni interna, en la elección de los cargos, ni externa, pues no se proponen medidas de mayor democratización en las estructuras institucionales, ¿por qué deberíamos confiar en la voluntad democratizadora del proyecto? Estamos ante un despotismo ilustrado de viejo cuño, no ante un proyecto de transformación social.

Lo mismo cabe decir del proyecto de Iñigo Errejón. Como él mismo dice fue uno de los fundadores de Podemos que por medio de un hechizo quiere volver a vivir aquel momento mágico. Lo que en su momento fue un acto de audacia quiere repetirlo como un sortilegio. Como si Podemos no tuviera ya una historia detrás, como si en esos cinco años no hubiera ocurrido nada. Fiel a su lectura de los procesos latinoamericanos, sigue pensando en la “gente” como una masa amorfa a la que se puede entusiasmar a voluntad, como si los ciudadanos, reducidos a la categoría de votantes, sólo fueran capaces de formular demandas de las que los políticos deben tomar nota. Ni atisbo de un programa democratizador de la estructuras políticas ni transformador de las condiciones sociales. Sólo un llamado a la “confianza” en la alquimia social que proponen los candidatos. A ese llamamiento durante la campaña electoral le sigue inmediatamente después el “No se puede” y “Debemos limitarnos a gestionar”. Ahora que al menos a nivel del Ayuntamiento ya sabemos a qué nos enfrentamos deberíamos ser capaces de formular una estrategia realista, no un mero llamado a la confianza.

El tándem es lógico pues ambos proyectos se hermanan: el despotismo ilustrado de la actual alcaldesa con los intentos de resucitar un muerto del niño de los prodigios. Y entretanto, la derecha sigue escalando posiciones aprovechando el estupor y la desorientación política que hemos causado.
Si algo puede dar al traste con esta involución es la puesta en marcha de proyectos verdaderamente democráticos y transformadores desde abajo. En el plano municipal ateniéndonos a los principios municipalistas: código ético, primarias abiertas y proporcionales y programa elaborado de forma participativa que incluyan la perspectiva democrática, feminista y ecológica. La Comunidad debe enfocarse como una confederación de los municipios que la integran capaz de plantear a nivel territorial los problemas comunes: el agua, las infraestructuras, la vivienda, la sanidad, la educación, el aprovechamiento del suelo…

Siempre de abajo a arriba y lo más lejos posible de elitismos personalistas y liderazgos espúreos.