Opinión · Crónicas insumisas

El proceso de paz en Colombia continúa

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

El pasado 15 de abril una Columna FARC rompió el cese el fuego que ellos declararon unilateralmente en diciembre de 2014 y atacaron a miembros del Batallón Terrestre de Combate nº 110 en el departamento del Cauca. Dicho ataque ha provocado la muerte a 11 militares, herido a 20 militares y ha causado la muerte a 2 miembros de las FARC. Ha sido el ataque que más víctimas ha producido desde que se iniciaron las negociaciones para la paz.

Como consecuencia de ese ataque, el presidente colombiano Santos ha ordenado la reanudación de los bombardeos de los campamentos de las FARC, bombardeos que estaban suspendidos desde el pasado 10 de marzo a tenor que las FARC estaban cumpliendo el cese el fuego unilateral e indefinido.

Las explicaciones que ha dado Catatumbo se limitan a decir que el ataque no fue ofensivo, sino defensivo, ya que sufrían un asedio militar, y que su ataque no implicaba una violación de la tregua unilateral sino una respuesta al hostigamiento. Estas justificaciones dejan dos posibles interpretaciones, o que las FARC quieran romper con el cese el fuego unilateral que se autoimpusieron o que la unidad interna de sus miembros no es tan sólida como nos hacían creer. Evidentemente la cúpula de la Habana quiere mostrar una imagen de unidad interna y como mucho aceptara alguna justificación compatible con ello. Pero en definitiva es evidente que la cúpula no tiene un control total sobre las unidades operativas en el terreno, algo que era previsible, así como también cabe suponer que dichas divisiones serán más patentes en la recta final de las negociaciones. En el caso del IRA y en otros más, no todas las unidades aceptaron los acuerdos fruto de la negociación, pero la cúpula logó imponerse; la cuestión es si la cúpula de las FARC tendrá la capacidad de hacer cumplir sus órdenes.

Ante estos hechos las reacciones de los grupos más radicales y exaltados será pedir la rotura o paralización de las negociaciones. Los uribistas lideraran esta apuesta, de hecho ya están centrando su discurso contra el proceso de paz en el tema de la seguridad. Por otra parte entre los militares hay temores e incertidumbres sobre su futuro. Los diálogos parecen estar estancados, hace diez meses que negocian el punto de víctimas y justicia, sin que se haya llegado a resultados. El punto sobre justicia es clave en el resultado de las negociaciones, es el acuerdo que establecerá las penas o la justicia a las que se someterán los combatientes después de la desmovilización y las penas o la justicia a las que tendrán que someterse los militares.

El ataque de las FARC abre un escenario indeseado y es que las FARC rompan su tregua y continúe la mesa de negociación bajo la continuación del conflicto armado, lo que representa un paso atrás. En la práctica, eso pondría poner en crisis todo el proceso. No es lo mismo iniciar un dialogo partiendo de un pasado o una historia llena de víctimas, que dialogar reanudando la violencia después de dos años de haber iniciado las negociaciones. Los escépticos con el proceso de dialogo ante estos acontecimientos encuentran razones para reafirmarse en que dicho proceso no acabará, que alguna de las dos partes romperá con el dialogo. Este es el peor escenario posible y al que no habría que llegar. Los ciudadanos no se merecen este resultado, volver a la guerra no puede ser el resultado.

Aunque sea un golpe duro al proceso, aunque suponga una crisis en el grupo negociador, no hay que abandonar la mesa, hay que continuar negociando y hay que dar más velocidad al proceso. Lamentablemente estos actos violentos presionan a ambas partes y presionan en el calendario, hay que cerrar acuerdos sin muchas dilaciones; la opinión pública si se repiten hechos de esta índole puede ceder en sus apoyos al proceso, lo cual sería muy negativo.

En estos últimos 2-3 años la esperanza de acabar con este conflicto armado ha ido extendiéndose como una mancha de aceite, ha ido contagiándose entre las personas. La sociedad colombiana no puede permitir que hechos como éste rompan las esperanzas de un futuro en paz, no pueden permitir que aquellos que no quieren la paz se salgan con la suya.

El conato de crisis que ha supuesto estos hechos, hay que aprovecharlo en sentido positivo, hay que acelerar los diálogos, hay que desenredar los temas de fondo y hay que ofrecer acuerdos concretos y significativos.