Opinion · Crónicas insumisas

Europa, escenario de guerra nuclear

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

La insensatez de Donald Trump por dinamitar la paz mundial ha llegado a su máxima expresión con la propuesta de abandonar el Tratado INF (Intermidiate Nuclear Forces Treaty), firmado por Ronald Reagan y Mijail Gorbatxov en 1987. Tratado que alejó del suelo europeo la posibilidad de una guerra nuclear, pues hasta entonces, las dos potencias habían instalado misiles nucleares, de medio y corto alcance (de 500 a 5.500 km), los Cruise y Pershing por parte de EEUU y los SS-20 por parte de la URSS en ambos lados de la frontera que dividía Europa durante la Guerra Fría con el objetivo de atacarse mutuamente.

Cierto es que la actual Rusia de Vladimir Putin había anunciado desplegar los denominados Novator 9M729, unos nuevos misiles capaces de burlar el “escudo antimisiles” que EEUU instaló en Polonia, Rumania y Rota (Cádiz). Hecho que también había sido una respuesta de Rusia tras el abandono de EEUU en 2002, del tratado ABM que prohibía la instalación de antimisiles. Un Tratado que había mantenido el pérfido equilibrio nuclear de paz o terror -según como se mire- entre las dos potencias bajo la amenaza de una “segura destrucción mutua”.

Si se formaliza la ruptura del INF, la carrera de armamentos nucleares está servida y Europa volverá a ser el campo de batalla de una posible guerra nuclear, pues serán países de la OTAN los que acojan en tierra la instalación de misiles de medio alcance capaces de alcanzar Rusia y otros países, pues Rusia responderá con misiles que alcancen cualquier punto de Europa occidental.

Una estrategia que hace años se está pergeñando. El desplazamiento del desarrollo económico de Europa occidental y EEUU hacia el sudeste asiático, con China como próxima primera gran potencia económica mundial, alarma a EEUU, que ha desplazado su interés geoestratégico a esa región, con el fortalecimiento de las numerosas bases que rodean a China en Japón, Corea del Sur y Filipinas. Mientras que China, hace lo propio en los mares que la circundan y desarrolla una gran fuerza naval para proteger las aguas marítimas por donde circulan los recursos y comercio que necesita su economía.

De ahí surgen los movimientos geopolíticos que llevan a cabo Rusia, China, India e Irán y las alianzas que estos países están tejiendo entre sí y que no son sólo económicas, sino que también tienen un pie en la seguridad mutua y en la cooperación militar. También es sintomático el acercamiento entre países históricamente rivales como China y Japón. Como también lo es el cambio de estrategia de EEUU respecto a Corea del Norte, el acercamiento entre las dos Coreas y siendo Corea del Sur un gran aliado de EEUU.

Sin duda no es una nueva Guerra Fría, pues los intereses mutuos entre todas estas potencias por la interconexión e interdependencia de sus economías impide que se inicie el bloqueo político y económico entre estos países. Pero en cambio, la carrera de armamentos entre ellos si que ha comenzado, pues ni los EEUU de Donald Trump, ni la Rusia de Putin, basan su hegemonía en la fuerza militar y no están dispuestos a dejarse amenazar.

EEUU rompió el acuerdo nuclear subscrito con Irán para que ésta no desarrollara armas nucleares, poniendo en mayor peligro un Oriente Medio ya encendido por las guerras de Siria y Yemen, donde las potencias regionales y mundiales se dividen en su apoyo a uno u otro contrincante.

Por otro lado, Rusia ya avisó en Ucrania con la adhesión de Crimea y apoyó a las repúblicas del Dombás cuando ese país hizo un giro hacia el bloque occidental. Y ahora avisa, qué en el caso de romper el Tratado INF, se pone en peligro la ratificación del Tratado START III de 2010 de reducción de los arsenales nucleares firmado entre Barack Obama y Dimitri Medvédev.

Mientras tanto, China permanece impasible y no se pronuncia, pero sigue fortaleciendo sus fuerzas armadas, aunque, cierto es, que no lo está haciendo con misiles intercontinentales ni modernizando su arsenal nuclear.

Europa occidental debería reaccionar no permitiendo que de nuevo la amenaza de una guerra nuclear vuelva al suelo europeo. Hay que levantar la propuesta de neutralidad e independencia frente a las grandes potencias. De volver a pedir a los gobiernos que abandonen su sumisión respecto a EEUU y en ese sentido desprenderse de la OTAN. Por supuesto, tampoco someterse a Rusia, sino buscando un papel mediador que facilite la distensión en la geopolítica mundial. Lo contrario es caer en las garras de la geoestrategia de la tensión que sólo beneficia a los señores de la guerra (el loby militar industrial) y las grandes corporaciones que se mueven detrás de ellos.