Opinion · Crónicas insumisas

Cambio climático y militarismo

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Mientras continúe prevaleciendo el capitalismo como sistema económico el cambio climático es irreversible y el colapso planetario irremediable.

Para algunos puede parecer una exageración, pues los capitalistas pueden reaccionar y enmendar su afán desmesurado de lucro y reducir las plusvalías que obtienen hasta un nivel aceptable que no produzca el deterioro de la naturaleza.

¿Es esto posible? A mi parecer ¡No! Porqué aunque algunos capitalistas razonables lo hagan, seguro que habrá otros que no lo harán, y más en un mundo en el que actúan intereses tan contrapuestos hasta el extremo que se enfrentan en guerras económicas y cuando éstas no son suficientes, de las otras, con ejércitos. Pues, aunque algunos obedezcan a intereses nacionales y hagan caso de sus gobiernos, otros, los más potentes, las corporaciones transnacionales, como ya se ha visto con la globalización, sus intereses son planetarios y se dedican a mercantilizar todo lo extraíble de la naturaleza, tierra, mar y personas. Con lo cual, el colapso es inevitable, pues el afán de lucro es intrínseco a su naturaleza.

Las emisiones de carbono a la atmósfera se han acelerado desde la llegada del sistema de vida implantado por el capitalismo, donde prima un consumo descontrolado. Para llevarlo a cabo se necesita del expolio continuo de recursos no renovables que, en su explotación y conversión en manufacturas emiten gases que producen el calentamiento de la atmósfera y el efecto invernadero. Que va acompañado de un trasiego incesante de millones de personas que se trasladan de un lado a otro sin otro objetivo que vagabundear por todos los continentes consumiendo energías, también, no renovables. También de explotaciones agropecuarias con una agricultura y ganadería intensiva que utilizan fertilizantes y productos químicos muy agresivos para el medio ambiente. Además de una minería extractiva muy contaminante de suelos y aguas. O la pesca intensiva que esquilma los mares.

Unas y otros producirán el adelgazamiento o desaparición de glaciares, polos, el aumento del nivel de los mares, la desertización de múltiples territorios, el retroceso de las tierras fértiles, la escasez de agua potable y grandes trastornos del clima con devastadoras catástrofes naturales. Una multiplicidad de situaciones que producirán migraciones masivas de personas, graves conflictos, algunos de los cuales desembocarán en guerras.

¿Y cual es la respuesta que el capitalismo y sus estados darán? Aquello que algunos han denominado ecofascismo. Una combinación de autoritarismo y represión para preservar un nivel de bienestar suficiente para sus poblaciones, aunque con niveles diferentes entre las elites y las clases populares.

Y en esa situación estamos. Para hacer frente a las consecuencias de la hecatombe que se aproxima, los estados enriquecidos se preparan con un fortalecimiento de sus fronteras, pues prevén la llegada millonaria de los empobrecidos. Así lo indican las estrategias de seguridad de los países enriquecidos. Y ante ello, ¿cómo actúan? Observemos Europa. La Unión Europea, mantiene misiones militares patrullando en el Mediterráneo para la lucha “supuestamente” contra el yihadismo, la Sea Guardian, con fragatas, submarinos, patrulleros y aviones cuando la realidad es que están controlando las migraciones.

Por otro lado, la UE tiene FRONTEX, la agencia para el control de fronteras con un presupuesto de 288 millones de euros en 2018 y provista con material militar para rechazar la llegada de migrantes. Una agencia que desde 2010 ha efectuado hasta 400 vuelos de deportación de migrantes. Además, paga a los gobiernos de Turquía, Libia y Marruecos para que impidan el paso de transeúntes hacia Europa.

España, por su parte, mantiene la Operación Sophia con una fragata y 259 militares contra el tráfico de seres humanos, el control de refugiados y el rescate de migrantes que intentan cruzar desde la costa africana. Y la Guardia Civil española en el Mediterráneo colabora en cuatro operaciones de control de migrantes: Hera, Indalo, Tritón y Poseidón.

Los refugiados y las guerras

Según los datos de refugiados de ACNUR, en 2017 hubo 68,4 millones de desplazados y refugiados, 3,5 millones más que en 2016. Y en 2018, fueron 70,2 millones, 2,3 millones más que en 2017. De todos los cuales uno de cada dos refugiados eran niñas/niños. El 85% provenían de países empobrecidos, y el 58% de esos refugiados/desplazados provenían de países en guerra.

Guerras que provocan millones de refugiados: de Siria, 6,3 millones; de Afganistán; 2,6 millones; de Sudán del Sur 2,4 millones: de Somalia, 900.000; de Sudán (del Norte), 700.000; de R.D. Congo, 600.000; de República Centroafricana 500.000; de Eritrea, 500.000; de Burundi, 400.000. Sin olvidar los 5,5 millones de refugiados producto de la guerra de Israel en Palestina.

¿Y quiénes son los que alimentan esas guerras mediante ayuda militar y ventas de armas?

Los principales exportadores de armas en 2018 vendieron 95.000 millones de dólares fueron: Estados Unidos, el 33%; UE, en su conjunto el 25%; Rusia, el 23%; China, 6,2%; y España obtuvo el deshonroso séptimo lugar mundial.

La UE exportó armas a Oriente Medio por valor de 20.302 M€ desde 2005 a 2014; al Norte África por valor de 4.464 M€.

¿Y España cuántas vendió? En Oriente Medio en el año 2017, 754 millones; y entre 2008 a 2017, incluida Turquía, 4.830 M€, entre un 15% y un 24% según los años del total de sus exportaciones a países como Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Reunidos, Irak, Egipto, Omán, Catar, Bahréin…

Sí el nivel de desarrollo de los países enriquecidos es el causante del cambio climático y por ende de las migraciones, a los que se suman los refugiados de las guerras que el modelo produce. Entonces, el capitalismo es el causante del apocalipsis que se avecina. Conclusión: ¡Socialismo o barbarie!