Opinión · Posos de anarquía

Riqueza en estupidez: las estafas millonarias

Esta mañana se ha cruzado en mi lectura diaria un artículo en El País en el que se destacaban las inversiones de las personas millonarias. El artículo tiene cierto talante de admiración, ese “si yo pudiera” que nos inculcan desde nuestra infancia, esos sueños que nos inoculan en los anuncios de loterías… Donde el artículo cita “millonarios”, yo sólo veo necios.

Por mucha riqueza que se acumule, pagar 1,3 millones de euros por una botella de whisky de The Macallan 1926 me parece una soberana estupidez. No hay whisky en el mundo que valga ese dinero y, por ese motivo, la riqueza que amasa quien lo paga no es dineraria, sino de estulticia. Pues se pagó el año pasado.

Figúrense hasta que punto la tontería es patrimonio de la élite económica y de quienes la admiran que hasta han alumbrado un índice del whisky. El vino como inversión también subió un 9% y algún/a tontaina pagó casi medio millón por un Romanée-Conti de 45.

“Si es que lo que para ti es una millonada, para ellos es calderilla”, me dirán. No se trata de cuánto pagan en referencia a lo que tienen, sino de cuánto vale realmente lo que se compra. Y la estafa es morrocotuda. Les pondré un ejemplo real: The Rolling Stones son una de mis bandas favoritas. No los veo en directo desde los 90, cuando fui hasta Gijón para verlos. Desde entonces, o no he tenido ocasión o, cuando la he tenido, he considerado que pagar por la entrada más barata 100 euros era una estafa. Podría haber hecho el esfuerzo ahorrándolos, pero por una cuestión de principios no lo hago.

En este punto, se imaginarán que no admiro a quien paga 1,3 millones de euros por una botella de licor; me parece una estupidez como la copa de un pino. Desprecio a quienes también, por ejemplo,se dedican a comprar monedas históricas, como los casi 2 millones de euros que pagó algún millonario el año pasado por una moneda de 100 ducados de oro, acuñada en la actual Polonia en 1621. En lugar de estar en un museo, la tendrá en alguna cámara acorazada.

Tenemos que sacudirnos ese mantra con que nos hipnotizan, esa admiración por lo material, por la ostentación, por la exclusividad. Ni siquiera voy a abrir el melón -que alguna vez he abierto en este espacio- de que ser millonari@ de manera honrada es prácticamente imposible. Asumamos que se ha conseguido ser sin caer en conductas despreciables y mezquinas, que esas 4.111 personas que en España superan fortunas por encima de los 30 millones de euros (26,6 millones de euros) son honestas… a pesar de que crecieron un 5% mientras el resto de España veía decrecer sus ingresos…

En lugar de admirar a quien se gasta una fortuna en un yate o un deportivo, tenemos que reírnos de ell@s, hemos de ser capaces de identificarlo con una manera de sustituir sus carencias, de disimular sus complejos… Les puedo asegurar que es muy posible que en términos absolutos usted disfrute más una tarde de cañas y bravas con sus amigos que esas personas una velada con Don Perignon y caviar iraní. Ríanse de est@s millonari@s de pacotilla y ríase el fisco, porque todos estos productos de lujo deberían estar gravados con tipos estratosféricos, para que la risotada sea general y, además, favorezca al Estado de bienestar.

Aprendan a disfrutar de los pequeños placeres de la vida y admiren más a quienes llegan a fin de mes con lo justo y aprecian las alegrías cotidianas que quienes sobrevaloran lo material. Jueguen a la lotería si quieren, pero no para comprar un Ferrari, sino para amplificar el disfrute de su cotidianeidad, para alejarse aún más de la necedad que guardan en sus seseras quienes llenan sus cajas fuertes de euros.