Posos de anarquía

¿Volvemos a olvidarnos de la Sanidad pública?

Los médicos residentes (MIR) del Hospital Gregorio Marañón se manifiestan este lunes durante el inicio de la huelga con carácter indefinido. EFE/Chema Moya.

Los meses de confinamiento nos trajeron una defensa de la Sanidad pública impostada. Durante todo ese tiempo, buena parte de quienes se rasgaban las vestiduras utilizaron la Sanidad pública para atacar al Gobierno de España, la instrumentalizaron omitiendo detalles como el hecho de que la compra de material antes de la declaración del Estado de Alarma era competencia de las Comunidades Autónomas que, en la mayoría de los casos, no habían hecho los deberes. Ahora, a las puertas de lo que algunos expertos consideran ya la segunda oleada del COVID-19, la Sanidad pública ha vuelto ha quedar en un segundo plano.

Hace días ponía Andalucía como ejemplo de lo que está sucediendo en muchas regiones: a pesar de que los centros de Atención Primaria son el primer frente para detectar gestionar los nuevos casos positivos, la mayor parte de ellos están siendo cerrados por las tardes. Algunos de los gobiernos autonómicos que utilizaron la Sanidad pública como arma arrojadiza muestran ahora su verdadera cara. En el caso andaluz, los sindicatos aseguran que apenas se está cubriendo un 30% del personal sanitario al que obligan a coger sus vacaciones en verano.

El cierre de camas hospitalarias es otra de las grandes preocupaciones y, de nuevo, Andalucía está a la cabeza. El Sindicato de Enfermería (SATSE) cifra en al menos 7.000 el recorte de estas camas, con la Junta de Andalucía a la cabeza con 1.580; seguida de Madrid con 1.270. A menos camas, menos personal... y menos capacidad para atender rebrotes.  Y el personal que queda, como se ha evidenciado con las huelgas y movilizaciones de l@s MIR en Madrid, en unas condiciones indignas, con guardias de 24 horas sin descanso al día siguiente, con cotizaciones incompletas de las horas trabajadas, retribuciones precarias pese a realizar trabajos que exceden sus competencias como personal en formación...

No hemos aprendido nada. Nadie, ni los gobiernos ni la ciudadanía, esa que salía cada día a las 20:00 horas a los balcones a aplaudir al personal sanitario, a pesar de que éste ya advertía que no quería ser tratado como héroes o heroínas, sino trabajar en condiciones dignas, avanzando que cuando el COVID-19 pasara, también lo haría este apoyo falaz a la Sanidad pública. Y así ha sido.

Los nuevos positivos por coronavirus en España ya se cuentan por miles, la Sanidad pública no se duerme y nos recuerda que en estas condiciones no podrán hacer frente a lo que quizás venga, pero seguimos en las playas, en las terrazas de los bares, celebrando victorias de equipos de fútbol... Ya nadie aplaude al personal sanitario, ni siquiera se le escucha. Quizás la próxima vez que volvamos a acordarnos de uno de los baluartes esenciales de nuestro Estado de Bienestar sea demasiado tarde.