Posos de anarquía

Sumar no es multiplicar

Yolanda Díaz durante la puesta de largo de 'Sumar' en Madrid. - Jesús Hellín / Europa Press

Sumar, la iniciativa impulsada por Yolanda Díaz, continúa siendo una incógnita aún después de haber echado a andar. La propia Díaz contribuye a la confusión, porque al tiempo que afirma que no se trata de un proyecto electoral, advierte que no llegará a tiempo de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023. Hace bien, concurrir a esas elecciones sería repetir errores pasados como ya hiciera Podemos en la izquierda o Ciudadanos en la derecha.

A la opinión pública hay que simplificarle las cosas. Puede agradar más o menos, pero esa es la realidad. En líneas generales, es preciso darle el  contenido lo más mascadito posible, porque pedir un plus de reflexión es, incluso, temerario. Este ejercicio no resulta sencillo, porque implica rebajar la forma, pero no el fondo, es decir, que el pensamiento o las medidas sean de calado, pero presentadas con un envoltorio no sólo atractivo, sino sencillo a la hora de desenvolver.

Sumar, hoy por hoy, no es sencillo. Las masas oyen hablar de "proceso de escucha activa" pero quieren la versión compacta, la reducida: "¿podré o no podré votar a Sumar?". No tienen nada claro si esta iniciativa se cristalizará en una lista electoral o será una suerte de plataforma cuya capacidad de impactar en el espacio político es una incógnita, especialmente dada la fragmentación que sufre la izquierda.

Sea como fuere, Sumar va a precisar de una estructura a nivel nacional y construirla al ritmo de citas electorales es un error. Por este motivo, el último anuncio realizado por Díaz es un acierto. Ciudadanos y Podemos tuvieron prisas y terminaron pagándolo. En el primer caso, perdió el control y la formación naranja se plagó de oportunistas liberales que, pese a entonar el mantra de la regeneración, terminaron abrazando el de la degeneración y haciendo negocio de la política. Basta ver las fugas y acusaciones internas de autoritarismo en las filas de Ciudadanos desde su misma creación.

En el caso de Podemos, tantas eran las prisas que descartó las autonómicas y realizó un experimento con las municipales. Prohibió utilizar su marca, de manera que si la cita electoral de saldaba con éxito podía atribuirse la victoria, pero si era un fracaso, no salpicaba al nombre de Podemos. La realidad es que con una diversidad de nombres, aquellos partidos locales surgieron a partir de los Círculos de Podemos creando unas dualidades que no era sencillas de gestionar. Las asambleas locales de esos Círculos eran en ocasiones un despropósito, porque había personas que acudían sólo por Podemos, otras solo por el partido local y algunas por ambos.

Díaz quiere evitar ese tipo de situaciones que terminaría convirtiéndose en una bomba de relojería para la iniciativa. Sin embargo, a medida que se aproxime el mes de mayo, las miradas de uno y otro lado más se dirigirán a Sumar, quizás intoxicando a cualquiera de las candidaturas de izquierda que flirtean con el proyecto. Lo sucedido en Andalucía es un buen ejemplo. Sobre el papel, Por Andalucía (la coalición de Podemos, IU, Más País, Alianza Verde e Iniciativa por el Pueblo Andaluz) no era un ensayo de Sumar, aunque muchos medios y analistas quisieron verlo así por el mero hecho de que Díaz no sólo diera su apoyo, sino que mediara para cerrar unas negociaciones cuya tensión terminó por perjudicar al resultado.

Díaz es consciente de que sumar no es multiplicar, no hay por qué coger atajos ni que las prisas se apoderen de la iniciativa. El problema es que a diez meses vista resulta sencillo escapar de las presiones que irán in crescendo a medida que se acerque mayo de 2023. Lidiar con esas elecciones va a exigir una mezcla de habilidades propias de malabarista y prestidigitadora... o quizás, de buena meiga, una que ya tiene en su haber éxitos que pocos vaticinaban, como la subida del Salario Mínimo Interprofesional o la reforma laboral.