Punto de Fisión

Catástrofe a la italiana

Cuando los historiadores del futuro contemplen las ruinas de Italia a caballo entre milenios y vayan reconstruyendo las noticias sobre Berlusconi, sospecharán que han tropezado con una comedia perdida de Dino Risi. En realidad, desde la Segunda Guerra Mundial la política italiana ha consistido en una larga y accidentada película que oscilaba entre la carcajada y la mafia hasta que llegó Berlusconi y, sin abandonar ambos géneros, los adaptó al formato de una bufonada de Jaimito.

En sus Seis propuestas para el próximo milenio, el gran escritor italiano Italo Calvino vaticinó que la principal línea de fuerza de los tiempos que se avecinaban sería la ligereza. Si hubiera visto venir a Berlusconi, se hubiera guardado las propuestas para dos o tres milenios más adelante. Porque Berlusconi, interpretando la ligereza a su manera, sustituyó la ideología por tetas, la cultura por culos y la economía por más tetas. Hasta entró en los juzgados como Jaimito en el probador de señoras, manoseando medias e intentando espiar por las rendijas. Baste señalar que se inventó un partido político a partir de un lema de fútbol, Forza Italia, con el que logró encadenar varias legislaturas. Para hacernos una idea, es como si Jesús Gil hubiese llegado a presidente del gobierno rodeado de bikinis y con una formación llamada España y olé (aunque, salvo por los bikinis, la bancada de Mariano y Cospedal no le anda muy lejos).

Berlusconi es uno de esos políticos pragmáticos de ésos que han logrado darle la vuelta a la famosa frase de Kennedy. Él nunca se pregunta qué más puede hacer por su país, sino qué más puede hacer su país por él. Visto lo visto, si acaso, un lifting. Lo único que podría salvar el endeble gobierno de Enrico Letta es que algunos ministros del PdL valoren más su futura jubilación que la propuesta de dimisión impulsada por Berlusconi. A quien tal vez no le quedaría otra salida que entrar en el parlamento italiano con un cinturón repleto de bombas.

El caso es que la prima de riesgo italiana se ha disparado y Mariano anda como Vittorio Gassman detrás de una maciza que le huye. Entre el sainete italiano, la astracanada española y el sirtaki griego, con toda la cúpula de Amanecer Dorado metida a presión en el trullo, se entiende que los alemanes piensen que los mediterráneos no somos gente seria. Parece que reclutáramos a nuestra clase dirigente en un reality. En concreto, aquí en España, a Susana Díaz en Operación Triunfo, a Carromero en La isla de los famosos y a Esperanza Aguirre en Quién quiere casarse con mi hijo. Llega a deambular Charlton Heston en su apocalipsis simiesco por una playa de Levante en lugar de por las inmediaciones de Nueva York y se encuentra con la estatua de Fabra. Ni el mono sabría qué hacer con ella.