Opinion · Punto de Fisión

Califa en lugar del califa

Con el PSOE en Andalucía pasa un poco lo que le pasaba a Mike Tyson antes de su batacazo contra James Buster Douglas: salvo excepciones (Tony Tucker, Trevor Berbick, Frank Bruno), Tyson estaba acostumbrado a que le pusieran delante a paquetes certificados, antiguos campeones jubilados o troncos canadienses. Sólo así se explica que aquella aciaga noche del 11 de febrero de 1990 en Tokio, un proletario de los guantes resistiera el infernal diluvio de hostias de los primeros asaltos, se repusiera de un gancho demoledor en el octavo -que aún colea en los mentideros del boxeo como la cuenta más larga de los pesos pesados- y lo derribara en el décimo tras una serie fulminante de puñetazos en que la cabeza de Tyson rebotó como una pera. Susana Díaz, actual poseedora del título, tiene por primera vez desde la democracia un gobierno en minoría, pero ni el escándalo de los Eres ni el fenomenal ridículo del ajusticiamiento frustrado de Pedro Sánchez lastran su papel de favorita.

Lo cual es lógico teniendo en cuenta la calidad de los rivales que pretenden disputarle la corona en las próximas elecciones. El jueves me invitaron a Sevilla a dar un curso en un máster de Escritura Creativa en la Universidad y lo primero que me encontré al bajar del AVE fueron unos carteles que supuse anunciaban una cata de fino con jamón. Me equivocaba: era propaganda electoral del candidato del PP, Juanma Moreno, un hombre cuyo retrato podría aparecer como ilustración en la entrada “señorito andaluz” de un diccionario, si no fuese porque la ocupa desde hace décadas la foto de Javier Arenas. Moreno ha intentado acercarse al sector más joven del electorado mediante un guiño al universo de Star Wars con un video en el que, con la fanfarria de John Williams de fondo, señala inequívocamente a un caza Tie Fighter del Imperio Galáctico. “La fuerza está conmigo” dice, cuando lo que parece acompañarle es una borrachera.

Hablando de fuerza y de borracheras, Ciudadanos ha irrumpido con ambos elementos en la campaña andaluza sin detenerse a consultar ni mapas de carretera ni manuales de geografía. Anunciaron un mitin multitudinario en Córdoba con una imagen de la catedral de Córdoba, pero la de Argentina, a lo mejor porque les parecía feo anunciarse con una foto de la mezquita o a lo mejor porque Albert Rivera sólo ve españoles incluso en medio de argentinos. Las encuestas pronostican un subidón tremendo del agente naranja en Andalucía y lo demostraron un mitin en Dos Hermanas donde lograron llenar una gasolinera.

Por último, Vox ha recobrado el espíritu de la Reconquista con varios videos cómicos entre los que destaca uno a medio camino entre Houllebecq y Philip K. Dick donde una presentadora ataviada con un velo informa que la mezquita de Córdoba y la Giralda de Sevilla han sido expropiadas y convertidas al culto islámico. Para impedirlo, Santiago Abascal y unos cuantos capataces emprenden una cabalgata por tierras andaluzas en la que la salvación va a caballo y las ideas también. Lo más alarmante de todo es que los asesores de imagen de Vox no han reparado en que Abascal tiene una pinta de jeque árabe que tira de espaldas; concretamente, sale clavado a Iznogud, el visir que quería ser califa en lugar del califa. De momento, el califato parece predestinado a Susana Díaz hasta que al PSOE le salte algún día a la lona su James Buster Douglas.