Opinión · Punto de Fisión

Las formas y las rastas

El periodismo patrio, siempre ocurrente y literario, tituló ayer la designación de Alberto Rodríguez al frente de la Secretaría de Organización de Podemos en sustitución de Pablo Echenique mediante una metonimia. Lo llamó “el Rastas”, porque lleva rastas, claro, un toque de confianza que recuerda el cariñoso apelativo de “el Coletas” con que tantos de sus críticos se refieren a Pablo Iglesias o el “Moneypenny” con que bautizaron a Monedero. El hábito no hace al monje, excepto en el Congreso de los Diputados, donde docenas de trajes, corbatas y cascos de gomina han disimulado durante décadas el hedor de la corrupción y la peste a chorizo de cantimpalo.

Para continuar con el tono festivo, Iglesias publicó en su cuenta de twitter la célebre coña donde se ve a Heidi (sin rastas) vaciando la silla de ruedas de Clara por un acantilado, sólo que en lugar de Clara esta vez iba Echenique. “Disfruta de tu purga” le decía, “que te va a durar poco”. Lo de la “purga”viene por el sonsonete sarcástico con que la prensa del Ibex endulza las novedades referentes a Podemos, una familiaridad con la que también difunden las trolas manufacturadas desde las cloacas. Quizá porque saben que es broma. En cambio, se ponen muy serios a la hora de escribir sobre el latrocinio generalizado de la trama Gürtel o el desguace de la sanidad pública. También anuncian con rigor y gravedad las sustituciones de cargos en los partidos bien vestidos y bien peinados, lo mismo que los entrenadores de fútbol las rotaciones de banquillo, excepto cuando se les va la mano como aquel día en que defenestraron a Pedro Sánchez en editoriales por adelantado.

Aparte de las rastas y sus estudios de técnico superior en Química Ambiental, Alberto Rodríguez posee una oratoria exquisita y una educación digna de un caballero a la antigua usanza, como demostró el día en que se despidió desde la tribuna del Congreso del diputado del PP, Alfonso Candón: “Es usted una buena persona y le pone calidad humana a este sitio. Creo que le vamos a echar de menos”. Fue una verdadera lástima que cuando Celia Villalobos, “la Niña del Candy Crush”, temía que las rastas de Rodríguez no estuvieran limpias y le contagiaran piojos, no temiera contagiarse a la vez de su buena educación, su saber estar y una higiene moral que va mucho más lejos que el sastre.

“El Rastas”, “el Coletas”, “Moneypenny” son signos del nerviosismo que embarga al personal cuando sienten que se les acaba el chollo. Cambiar los nombres y apellidos de políticos electos por motes de pandilleros resulta así una operación semántica en la que se juzga a las personas por la apariencia, pero ya hemos visto demasiados ladrones con traje como para olvidar que Al Capone iba hecho un figurín de tres mil dólares. Sería muy fácil, amén de injusto, recordar ahora que a Aznar lo podían haber llamado “Curro Jiménez”, a Casado “el Estudiante”, a Rajoy “el Algarrobo” y a la casi totalidad del PP, la “Banda del Sobre”. Ellos ya tenían sus motes puestos cuando les hacía falta: “don Vito”, “el Bigotes”, “el Curita”. A Rato, sin embargo, le basta con el apellido.