Punto de Fisión

Feijóo de la Calzada

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en un acto de campaña a 12 de junio del 2022 en Jerez.- EP

Con los líderes del PP siempre resulta muy difícil discernir si vienen así de fábrica o si están imitando a Forrest Gump. Mariano Rajoy llegó a soltar tantas memeces y tan enrevesadas que los periodistas tuvieron que improvisar un diccionario español-marianés con la esperanza de enterarse de algo, aunque los más viejos de la redacción ya contaban con un doctorado en fragués, un idioma mucho más difícil que se extinguió en el momento de fallecer su primer y último hablante, Manuel Fraga.

Incapaz de contender en el resbaladizo terreno de la Filología, Pablo Casado se decantó por la mímica y los disfraces hasta llenar periódicos y telediarios de versiones de sí mismo ataviado de agricultor, panadero, pastor, científico, cocinero y tractorista, llegando al extremo de que le regalaron un máster sin haber ido un solo día en clase, sólo para que perfeccionara la careta de estudiante. Por su parte, Isabel Díaz Ayuso hizo sus pinitos en comunicación política escribiendo los ladridos de un perro, concienzuda labor de redacción en la que concluía todos sus mensajes con un "guau" que a la postre iba a resultar profético.

Sin embargo, Núñez Feijóo es gallego de pura cepa, lo que significa que está obligado a proseguir esa tradición retórica -tan querida por el PP- de rebozar el castellano de percebes, meigas, vieiras, centollos gramaticales y ese chapapote verbal que es marca de la casa. En principio, entre las gafas de farmacéutico y el rictus funcionarial, Feijóo parecía un tipo tan serio que no le iba a hacer la competencia a Fraga, a quien por desgracia no se le entendía prácticamente nada, ni a Mariano, a quien por desgracia se le entendían demasiadas cosas. Pero el gallego que lleva dentro no tardó en hacer su aparición durante un mitin en Granada, donde se atrevió a corregir a Bill Clinton, quien comentó hace muchos años que la puesta de sol en La Alhambra es la más bella del planeta: Clinton había dicho eso únicamente porque nunca había estado en Finisterre.

Trasplantar Granada a Galicia en un acto electoral andaluz tiene mucho mérito, pero Feijóo se superó a sí mismo este fin de semana en Málaga, donde planteó un involuntario homenaje a uno de los grandes genios autóctonos, Chiquito de la Calzada. Lo hizo además sin dar saltitos, sin llevarse la mano a los riñones y sin imitar el acento, aunque cualquier malagueño atento podía oír, debajo de la suya, la voz incomparable de Gregorio Esteban Sánchez Fernández: "Las cosas que duran mucho tiempo son las cosas que merecen la verdad, me cago en mis muelas. La verdad y la mentira es aquello en lo que merece la pena dedicar una vida, torpedo, diodenal. Para que la verdad venza a la mentira y no la mentira venza a la verdad, ¿te da cuen?"

Esta prolija disquisición entre la mentira y la verdad gana muchos puntos al evocar el momento más feo de su carrera política: la célebre foto junto al narco Marcial Dorado en una embarcación donde se veía a Feijóo al timón con una mancha de crema solar en la espalda. Después, cuando se supo que ése era sólo uno de los muchos momentos que habían compartido juntos (en la playa, en la montaña, en Andorra, en los Pirineos, en Tenerife, en Portugal), Feijóo explicó la coincidencia pertinaz diciendo que Dorado no era en realidad amigo suyo, lo que hacía suponer que bien eran matrimonio o bien pareja de hecho. Te digo trigo por no decirte Rodrigo. Hasta luego, Lucas.