Punto de Fisión

El caso Dani Alves

Alves
Dani Alves durante un partido de Brasil en el Mundial de Catar. FOTO: EUROPA PRESS

En la historia de la presunta violación de Dani Alves a una muchacha en la discoteca Sutton de Barcelona, de momento no hay nada probado, mucho menos una sentencia de culpabilidad. No obstante, la prisión sin fianza decretada por la jueza se basa tanto en la verosimilitud del testimonio de la víctima como en el riesgo de fuga por parte del futbolista, quien cuenta con medios económicos más que suficientes, doble nacionalidad brasileña y española y residencia permanente en México -aparte de que Brasil, su país de origen, carece de convenios de extradición con España.

En la declaración de Alves, que niega rotundamente los hechos, la jueza ha encontrado contradicciones flagrantes con el informe de los Mossos, quienes interrogaron a varios testigos, incluidos miembros del personal de seguridad del local. En TV3 se recogieron tres testimonios diferentes del futbolista: en el primero de ellos Alves decía que no conocía de nada a la chica; en el segundo, que sí la vio pero que no sucedió nada entre ellos; en el tercero, que fue ella quien se le echó encima en el baño y le practicó una felación mientras estaba orinando.

Entre el linchamiento mediático que está sufriendo la estrella de los Pumas -el jugador más laureado de la historia del fútbol- y el linchamiento mediático que está sufriendo la denunciante -acusada de intentar hacer caja a costa de una estrella del deporte- apenas hay término medio: este fin de semana las redes sociales ardían con hogueras a uno y otro lado. Volvieron a circular las fotos y los videos que envió a Neymar la mujer que le acusó de haberla violado y que el futbolista brasileño compartió para explicar que todo había sido una trampa y que era víctima de una extorsión. La modelo Joana Sanz, esposa de Dani Alves, declaró que en bastantes ocasiones ha sido testigo de cómo mujeres desconocidas se acercaban a su marido y que prefería no pensar qué harían cuando ella no estaba delante. Posteriormente pidió respeto a los medios de comunicación que estos días la acosaban a la puerta de su casa, añadiendo que estaba de luto por la reciente muerte de su madre.

Al otro extremo de las hogueras, un psiquiatra forense explicaba que alguien que lo tiene todo, como es el caso de Alves, se lanza a por lo prohibido ("hago esto aquí porque me da la gana y porque soy especial"), una actitud típica en las agresiones sexuales protagonizadas por estrellas del deporte y que, por lo visto, se corresponde con el comportamiento altanero de jugador ante la jueza instructora del caso.

Por si fuera poco, las grabaciones de las cámaras de seguridad muestran que Alves estuvo incordiando y acosando a la chica un buen rato antes de llevarla a los lavabos de la sala VIP, mientras que los vestigios biológicos recogidos en los lavabos donde tuvo lugar la presunta agresión sexual serán determinantes a la hora de probar su inocencia o su culpabilidad. Frente al testimonio del futbolista, que cambió tres veces su declaración, la mujer relató sin titubeos cómo Alves la encerró en el baño, la abofeteó, le obligó a la practicara una felación y después la violó. Ha dicho que quiere que se haga justicia y ha renunciado expresamente a la indemnización a la que tiene derecho en caso de que haya condena.

Más allá de las contradicciones en que ha incurrido Alves, de la mala fama que acarrea por su apoyo a Bolsonaro y de los más de dos millones de euros que adeuda a la Hacienda Pública española, lo cierto es que ahora todo está en manos de la justicia y que es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Por desgracia, sea cierta o no, la historia de Alves es sólo un capítulo más en el largo y vergonzoso rosario de las agresiones sexuales en el mundo del fútbol: un ámbito donde no sólo resuena la misoginia ancestral contra las mujeres que se atreven a denunciar una violación, sino que resuena amplificado por cánticos de forofos.

El ejemplo más indignante ha venido, precisamente, de un viejo compañero de Alves, el entrenador del Barca, Xavi Hernández, quien aseguraba sentirse sorprendido, impactado y en estado de shock. "Me sabe muy mal por él. No puedo decir nada más". No, la verdad es que podía haber dicho mucho menos, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un delito de agresión sexual. Sin embargo, poco más puede esperarse de alguien que, después de vivir seis años a todo trapo en Qatar, alababa la tranquilidad y la seguridad de un país donde los derechos humanos se escriben con mierda de camello: "No vivo en un país democrático, pero creo que el sistema de aquí funciona mejor que en España". Una vez más Xavi desaprovechó una excelente oportunidad de cerrar la boca.

Sin embargo, a última hora del domingo, Xavi reaccionó y comentó que no había estado muy acertado en las declaraciones anteriores, especialmente al pasar por alto el tema de la víctima, que es lo que de verdad importa en esta historia. Seguramente la culpa no es tanto suya como de los periodistas deportivos que muchas veces obligan a entrenadores y jugadores a entrar en terrenos resbaladizos y completamente alejados del fútbol en las ruedas de prensa celebradas después de un partido. Preguntar a un entrenador de fútbol sobre la situación legal de un futbolista acusado de violación es como preguntarle a un juez por los resultados de la quiniela del domingo, pero por desgracia la prensa está acostumbrada no a buscar respuestas pertinentes sino a rebañar emociones. Jürgen Klopp lo dejó muy claro cuando le preguntaron su opinión sobre el coronavirus.