Lazos que están fuera de lugar

 ÓSCAR CELADOR ANGÓN

Ni siquiera la Semana Santa se ha librado del debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo, debido a que algunas cofradías han suscrito manifiestos en contra de la reforma de la Ley del Aborto y un sector muy minoritario de ellas ha anunciado además su intención de lucir lazos blancos para expresar su defensa de la vida humana desde el momento de la concepción.

La presencia de símbolos reivindicativos contra las actuaciones de los poderes públicos en actos de naturaleza religiosa no parece acertada. Las cofradías han sido autorizadas por las delegaciones del Gobierno exclusivamente para realizar una procesión en el marco de una festividad religiosa. Esto no quiere decir que los cofrades no tengan derecho a manifestarse públicamente en defensa de aquello que consideren oportuno, pero para ello deben solicitar, al igual que cualquier otro colectivo, la pertinente autorización. Lo que no tiene sentido, y además es ilegal, es utilizar una autorización administrativa para realizar una procesión en el marco de una festividad religiosa para manifestarse contra las políticas públicas. A mayor abundamiento, las procesiones presentan una serie de componentes de carácter cultural, popular e histórico que van mas allá de lo religioso; de ahí que su celebración tenga un carácter integrador para muchas comunidades, que se vería roto con la presencia de símbolos ajenos a los estrictamente procesionales.

La posición de las cofradías es difícil de entender, especialmente una vez que la Iglesia católica ya ha dejado muy clara cuál es su posición sobre esta temática y que diversos líderes del Partido Popular, que se han opuesto de forma rotunda a la ley de plazos, hayan declarado que no asistirán a la manifestación convocada contra la reforma de la Ley del Aborto. Parece evidente que, ante la proximidad de la cita electoral europea, el principal partido de la oposición ha decidido colocarse la careta de partido de centro y tiene miedo a respaldar en las calles lo que defiende legítimamente en el Parlamento. En política ya se sabe, una cosa es lo que se predica y otra lo que se hace, pero lo importante es que a uno le voten.

La defensa del derecho a la vida que están abanderando algunas cofradías es tan loable como legítima, pero plantea numerosas cuestiones, como ¿por qué no se han utilizado las procesiones de Semana Santa para manifestarse en defensa de la vida en otros momentos?; como, por ejemplo, cuando el Gobierno envió las tropas a Irak, o para denunciar las numerosas injusticias sociales que asolan el mundo. Es más, ya puestos, ¿por qué las cofradías no lucen cintas de diferentes colores en función de las causas que apoyan o desaprueban? Probablemente, la respuesta a estos interrogantes sea la que ha propiciado que, contrariamente a lo que algunos esperaban, la mayoría de las cofradías haya renunciado a exhibir signos contra el aborto.

En cualquier caso, el resultado es indiscutible, pues esta Semana Santa parece que se hablará más de los lazos que porten o no unas u otras cofradías que de otras temáticas más propicias para estas fechas.

Óscar Celador Angón  es Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado