Escocia: las claves de una consulta

Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

La iniciativa escocesa de convocar un referéndum para otoño de 2014 parece insólita, a día de hoy, pero no. El fair play británico da para eso y mucho más, puesto que el primer ministro de Reino Unido dio su acuerdo en términos sorprendentes: que se haga cuanto antes, que la pregunta sea única y relativa a la independencia, y se pueda responder ‘sí’ o ‘no’. Vale la pena mirar de cerca este curioso envite.

En primer lugar, un referéndum, por definición, ha de consistir en una única pregunta, unívoca en su significado, y la respuesta ha de tener dos opciones: sí o no. Bien, tiene dos más, igualmente democráticas: abstenerse o votar en blanco. Un referéndum cuya pregunta pueda “deconstruirse” en varias respuestas o que tenga supuestos implícitos es un fraude ante el electorado.

En segundo lugar, el convocante, el Partido Nacional Escocés (SNP en sus siglas en inglés), sabe muy bien que tiene mayoría clara, pero sólo en elecciones regionales/autonómicas, mientras que en elecciones generales siempre queda en minoría, puesto que el voto de los partidos británicos (laboristas y liberal demócratas) suma bastante más de la mitad del cómputo global, y con una tasa de participación superior a las elecciones regionales. Las encuestas (en su día eso cuenta cero comparado con los votos reales) confirman ese dato: quiere la independencia menos del 38% del total.

En tercer lugar, con buen sentido, el líder escocés Salmond acepta algo obvio: el voto se haría sobre el censo electoral actual (los ciudadanos censados en Escocia), sin pretender excluir a los “no escoceses”, ni incluir a todo escocés “de origen” de cualquier rincón del planeta: ius soli frente a ius sanguinis (ello es radicalmente más democrático). Y acepta igualmente que sea la comisión electoral oficial la que gestione el proceso, en aras a la transparencia del resultado. En el trasfondo del asunto: al final, es un tema a negociar entre las dos partes que en su día, en 1707, firmaron el Acta de Unión por la cual dos reinos, Escocia e Inglaterra, formaron Gran Bretaña. Lo de Reino Unido vino después y es otra historia. Política y negociación, y es interesante que no sea el Foro de Davos quien decida.