Del consejo editorial

El perdón

FRANCISCO BALAGUER CALLEJÓN

Catedrático de Derecho Constitucional

Los nuevos datos sobre la corrupción política en la País Valencià no parecen haber afectado en lo más mínimo a los dirigentes nacionales del PP. Si atendemos a sus últimas manifestaciones y actuaciones, podemos comprobar hasta qué punto se ha instalado en nuestra cultura política una figura de origen religioso, terriblemente disfuncional para cualquier sistema democrático: el perdón.

A través del perdón, la burocracia de la Iglesia católica consiguió construir históricamente gran parte de su poder social y político. Porque la indulgencia de la Iglesia no ha sido nunca una manifestación de generosidad, sino de poder. Se perdona la infracción de las reglas a condición de que estas se acepten sin debate alguno, reforzando el orden moral establecido. El perdón funciona así como una válvula de escape, que alivia la tensión provocada por un sistema normativo en gran parte incomprensible y basado, no en la racionalidad democrática, sino en las creencias y en la fe.

Se perdona a quien está dentro del círculo, a quien no cuestiona las normas –aunque las incumpla–, a quien contribuye formalmente a consolidar el poder de la autoridad. A través del perdón se construye un sistema normativo paralelo, que es radicalmente incompatible con la lógica del Estado de derecho. En el Estado de derecho las normas se discuten y no necesariamente son compartidas por la ciudadanía, pero deben cumplirse porque son expresión de la voluntad democrática. En la cultura política del perdón, por el contrario, las normas no se discuten sino que se acatan incondicionalmente, si bien pueden incumplirse tantas veces como la autoridad arbitrariamente lo permita.

La actitud del PP nacional se sitúa en esa lógica: mientras Camps acepte la autoridad de Rajoy, sus culpas serán perdonadas. De hecho, la única sanción de la dirección nacional se produjo contra el anterior secretario general del PP valenciano –paradójicamente "rehabilitado" en estos días como militante– por su amago de rebelión y no por sus presuntos delitos.

Y detrás del perdón viene el olvido. Esa monstruosa amnesia colectiva que una parte relevante de la sociedad valenciana está sufriendo voluntariamente desde hace meses, experimentando así una desdichada metamorfosis: la transformación de ciudadanos en súbditos. Sólo la Justicia puede restaurar ya el orden democrático.