Desde lejos

Vergüenza

Dióscoro Galindo nació en 1877 en Ciguñuela, un pueblo de Valladolid. En 1903 terminó sus estudios de Magisterio. Era librepensador e impartía una educación laica que le creó conflictos con los padres conservadores y con las fuerzas vivas de los lugares por donde pasó. En 1936, estaba destinado en Pulianas, un pueblo de Granada. Allí inspeccionó las elecciones del 16 de febrero en nombre del Frente Popular. El 17 de agosto, un mes después del golpe de Estado fascista, fue detenido por cuatro falangistas y conducido a La Colonia, un cortijo de Víznar.

Francisco Galadí y Joaquín Arcollas eran dos banderilleros granadinos muy activos en la
CNT-FAI, siempre luchando por los derechos de los trabajadores. En 1936, defendieron el Albaicín contra los golpistas. Cuando el barrio cayó, el 17 de agosto, planearon unirse al Ejército de la República. Galadí quiso despedirse de su hijo de 10 años. Alguien los delató y fueron detenidos. Los azotaron y golpearon en el centro de Granada y después los trasladaron también a La Colonia. Allí estaban ya Galindo y García Lorca, arrestado el día antes en casa de su amigo Luis Rosales. Los cuatro fueron asesinados juntos en la madrugada del 18, y enterrados en algún lugar del camino entre Víznar y Alfacar.
Los suyos no son sólo nombres de la crónica negra de nuestra historia. Fueron seres con vidas propias, que dejaron detrás recuerdos y añoranzas. Los nietos de Galindo y Galadí llevan años intentando encontrar a sus abuelos y darles el enterramiento digno que cualquier ser humano merece. Que la justicia los deje desamparados en un país democrático es una vergüenza que debería escandalizarnos a todos.