Desde lejos

Ahorrar energía

Siempre me ha molestado el derroche de energía eléctrica del que hacemos gala en España. Te paseas por las ciudades de noche, y la iluminación es tan intensa que a veces parece que estás en pleno día. Ya sé que lo consideramos algo normal, pero lo cierto es que, cuando viajas fuera, te das cuenta de que en las grandes capitales del mundo la penumbra es mucho más intensa.

Pero no son sólo las farolas. Los escaparates de muchas tiendas están encendidos hasta el amanecer. Y a las 3 de la mañana, multitud de oficinas permanecen iluminadas, como si los trabajadores estuvieran a esas horas inmersos en sus tareas. Por no hablar de los aires acondicionados: llega el verano, y hay que salir con una chaqueta en la mano para poder soportar el frío que impera en centros de trabajo, grandes almacenes, restaurantes o cines. Mientras, se generan miles de toneladas innecesarias de CO². Aparte del enorme coste económico, por supuesto.
El Gobierno acaba de anunciar un plan de ahorro energético para 2.000 edificios oficiales. Más vale tarde que nunca. Aunque no acabo de comprender por qué sólo 2.000, cuando existen en el país decenas de miles de dependencias de todas las administraciones. Al fin y al cabo, no debe de ser tan difícil vigilar que se apaguen las luces y los ordenadores al final de la jornada o que las calefacciones y el aire acondicionado se mantengan en los límites de lo razonable. Además, supongo, de instalar sistemas de energía renovable. En fin, que el presidente nos ha vendido como un proyecto innovador lo que debería ser simplemente algo normal. Qué le vamos a hacer. Por lo menos, que sea.