Opinion · Desenredando

La cooperación convertida en postureo

¿Sabes qué es el síndrome del salvador blanco? La expresión se ha traducido del inglés White savior complex y hoy vamos a ver si desenredamos un poco el embrollo y la polémica que rodean algunas de las prácticas que se llevan a cabo desde el mundo de la cooperación.

Quería empezar hablando de otras cosas en esta columna, pero he decidido aprovechar el escándalo reciente de la supuesta oenegé Yes We Help para centrarme en esto, en el complejo de salvador blanco.

Antes de entrar en materia, no obstante, se me hace necesario decir algo porque sé que, si no, alguien me llamará la atención al respecto. Ya sé que el caso Yes We Help apesta porque el tal Yago Zarroca ha timado a muchas familias y ha puesto en riesgo a jóvenes e incluso a menores de edad a quienes abandonó a su suerte en Ghana y Sri Lanka. Lo sé, de verdad. Aún así, quiero aprovechar este escándalo -no será el único- para hablar de algo que pasa mucho en el turismo de cooperación.

 

Qué es el síndrome del salvador blanco

El síndrome del salvador blanco comprende algunas de las prácticas que llevan a cabo las personas que van como cooperantes, voluntarias o como turistas a países africanos u otros países empobrecidos por la acción del colonialismo. Se trata de una perspectiva que se ha afianzado a lo largo de la historia a consecuencia de la colonización y las misiones. La industria cinematográfica ha potenciado esta figura y estas prácticas de forma que en la actualidad son ampliamente aceptadas entre mucha gente blanca que no ve nada de malo en ellas.

El salvador blanco (también vale en cualquier otro género, por supuesto) es esa persona blanca que salva o rescata a personas racializadas de sus opresiones, sus dificultades, sus problemáticas. Por lo tanto, y evidentemente, el salvador blanco es el bueno de la peli. Y este es el cliché que se extiende a lo largo de la historia y que, con la conducta de quienes lo ponen en práctica, se perpetúa.

Estos son algunos de los problemas que tiene la reproducción de este cliché:

  • las personas blancas son buenas y constantemente salvan al resto de la humanidad
  • da a entender que las personas racializadas son incapaces de resolver sus problemáticas, que necesitan ser ayudadas siempre y que, por supuesto, sólo la Gente Blanca es quien está legitimada para sacarlas del atolladero.
  • infantiliza a las comunidades racializadas, negándoles su capacidad de resolución (que, evidentemente, la tienen) e invisibilizando a las personas que, dentro de dichas comunidades, tienen capacidad de liderazgo y resuelven problemas.

Como te digo, la industria cinematográfica perpetúa esta imagen del salvador blanco: el amo de la plantación (y si no es el amo, alguien de su familia) que, durante la esclavitud, ayuda a liberar a los esclavos; la profe o el profe blanco que llega al instituto y a quien asignan la clase “problemática” en la que la gran mayoría de estudiantes son racializados (negros y latinos, básicamente). Acuérdate de Mentes Peligrosas, por ejemplo.

El síndrome del salvador blanco en la práctica

La cuestión es que, evidentemente, el síndrome del salvador blanco suele abandonar la televisión y se cuela en nuestro día a día a través de las redes sociales. Eso pasa cuando ves a Dulceida regalando gafas de sol en su viaje por Sudáfrica, cuando Paz Padilla viaja a Benín y, comete el atrevimiento de subir a su Instagram la foto de una joven que acaba de parir, y aparece ella con el bebé recién nacido en brazos. Y pasa también cuando Octavi Pujades publica, también en su cuenta de Instagram, fotos de menores ghaneses pidiendo la colaboración con el proyecto de Yes We Help.

Al final se acaba exponiendo a menores para que las personas blancas demuestren su buenismo. Son imágenes de cooperantes rodeados de menores y acompañadas de textos que llaman a la compasión de espectadores y seguidores en redes sociales. Y con esa necesidad de mostrar lo buena gente que se es, se cae en estas prácticas, que son completamente innecesarias y, aunque parezcan inocuas, no lo son.

Paz Padilla con un recién nacido en brazos.

Y eso es lo que pasa con estos viajes de cooperación, como los de Yes We Help. Leía en La Vanguardia, cuando se destapaba el escándalo, que uno de los helpers que estuvo en uno de los viajes decía lo siguiente:

“Yago detectó que había una tendencia y vio que por ahí podía sacar pasta: Las niñas de 16 años quieren hacerse fotos con niños negritos para tener likes en el Instagram y no se quejan de que no hay nada que hacer. Yago no le cuenta a sus madres que, en realidad, están en un campamento sin hacer nada haciéndose cuatro fotos, y la madre cree que su hija está viviendo una experiencia muy dura y que le está dando una lección”.

Me parece que retrata perfectamente la cuestión que estamos tratando. Hacerse fotos con los niños negritos es la prueba de que se va allí a ayudar.

La cooperación convertida en postureo

Otra helper me contactó por Instagram para decirnos a Míriam Hatibi y a mí lo siguiente:

“Hubo un día que vi cómo unas chicas se iban pasando a un bebé para hacerse cada una la foto. Las fotos esconden un gran mensaje detrás: el blanco siempre está en el medio, cogiendo al niñx en brazos o algo similar. ¿Y la privacidad del menor? ¿Y sus derechos de imagen? ¿Y el consentimiento? ¿Acaso vas a la Plaza Mayor, coges a un niño random y te haces una foto con él?”.

Al final se acaba exponiendo a menores para que las personas blancas demuestren su buenismo

Esta helper nos contactó después de que Míriam Hatibi y yo escribiésemos a Yes We Help un par de semanas antes de que se destapase el escándalo diciéndoles, entre otras cosas, que tras haber visitado su cuenta de Instagram, constatábamos que en ninguna de sus fotos aparecía ninguna persona negra siendo protagonista de los proyectos ni mostrando la labor que estábamos seguras que hacen a lo largo del año. Les hablábamos del síndrome del salvador blanco, y nos ofrecíamos a compartir un rato de charla para hablar sobre cómo se podían enfocar estos temas sin caer en la perpetuación del racismo, el paternalismo y la infantilización. Nunca nos contestaron. Salvaguardar la dignidad y la privacidad de los menores de esas fotos no era importante para Yes We Help. Ahora ya está claro del todo.

Del tema de la privacidad de los menores ya hablé en este artículo que escribí para Locas del Coño. Al final, parece que el derecho a la propia imagen y a la dignidad solo existe para la blanquitud. Los cuerpos racializados se pueden mostrar sin pudor como gancho publicitario: los cuerpos de menores para apelar a la compasión de la gente para que esponsorice proyectos en África y apadrine niños; los cuerpos de adultas sin vida en el mar para mover a la compasión, sin preguntarse quién está detrás de esas muertes.

 

Dos and don’ts

Puede que estés leyendo esto y estés pensando “esta mujer es una exagerada. No pasa nada por echarse unas fotos con cuatro nenes monísimos y subirlas a las redes sociales”. Sí, puede que lo pienses. Hay, incluso, quien me lo ha dicho. Sin embargo la denuncia del síndrome del salvador blanco no es algo que me preocupa solo a mí. Pero esto es lo que digo siempre: hay ciertos temas que, por norma general, las personas blancas se las toman mejor si se las dicen otras personas blancas. Eso me parece una lástima, porque me genera una sensación de falta de legitimidad constante de los argumentos de las personas racializadas, pero de eso, en todo caso, hablaremos otro día.

Como te decía, el complejo de salvador blanco es algo que se ha detectado y que preocupa a algunas asociaciones y oenegés de cooperantes. El Fondo de Asistencia Internacional para Estudiantes y Académicos de Noruega, a través de su web RADI-AID constituye un manual de buenas prácticas para todas aquellas personas interesadas en la cooperación internacional. Este fondo es el creador de la cuenta de Instagram Barbie Savior -aprovecho para recomendarte que la sigas- y de una guía sobre qué (no) hacer para conseguir más likes en redes sociales.

Tanto esta cuenta de Instagram como el vídeo que acabas de ver te pueden dar una idea de los dos, de lo que sí puedes hacer, y de los don’ts, lo que no puedes hacer. Aún así, déjame ahondar un poquito más en los don’ts, porque me interesa que los tengas claros cuando hagas viajes turísticos o de cooperación:

  1. no te hagas fotos rodeándote de personas racializadas y menos si se trata de menores… y menos todavía sin permiso de sus padres/madres/tutores. Si no conoces de nada a esas personas, no las saques en tus redes sociales para que la gente vea cómo ayudas. En todo caso, hazte fotos “ayudando”. Que se te vea currando un poquito, deslomándote, así no habrá lugar a dudas de qué has ido a hacer.
  2. muestra los sitios y los paisajes en los que estás; no es necesario que muestres todo el tiempo a las personas que te rodean (literalmente).
  3. no solo la foto que te haces es importante, también lo es el texto con el que acompañes esas imágenes. Cuidado con el paternalismo. No infantilices a esas personas.
  4. bajo ningún concepto uses esas fotos como reclamo en tus apps de citas. No te conviertas en un Humanitarian of Tinder.

Yo creo que ya hemos hablado bastante del complejo del salvador blanco por hoy. Recuerda: tu cooperación y tus “ganas de ayudar” no son el foco, chiqui. Y que tú quieras estar en el centro de la historia no puede jamás menoscabar la dignidad de las personas del país en el que estás cooperando.