Desenredando

Una oportunidad para hablar sobre misogynoir

Will Smith y Jada Pinkett en los Oscar.- KEVIN SULLIVAN / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

Sí, el bofetón estuvo fatal. Sí, en un primer análisis (el que han hecho casi todas las personas que han escrito sobre el tema) podemos entender este comportamiento como el resultado de la masculinidad tóxica o de las reminiscencias del maltrato vivido en la infancia. Yo quiero aprovechar para ir un poco más allá y, añadir otra perspectiva; una que está siendo obviada en la mayoría de los análisis y que quiero apuntar. Quiero hablar de misogynoir y, desde esa perspectiva, explicar lo que otras personas —personas negras— estamos viendo en la reacción de Will Smith.

No voy a justificar nada

Lo pongo en el título para que nadie piense que estoy justificando la violencia infligida por Will Smith, y lo digo de entrada para que nadie me adjudique cosas que yo no he dicho. Entonces, teniendo claro que no pretendo justificar la reacción de Will Smith, quiero explicar por qué en este caso yo descarto esa reacción que están teniendo muchas feministas blancas, que están recriminando el hecho de que Will Smith actuara como si Jada Pinkett-Smith no fuera capaz de hacerlo.

Y para explicarlo tenemos que hablar de antinegritud y, como he dicho anteriormente, de arquetipos y estereotipos raciales y de misogynoir. Y no he leído nada al respecto de todo esto en los artículos que he leído. Y tal vez sea porque casi todo lo que he leído en medios generalistas o en cuentas de redes sociales con mucha audiencia está escrito por personas sin perspectiva antirracista. 

Estereotipos y arquetipos

Entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, mientras la esclavización de personas negras era legal, en los Estados Unidos de América se pusieron de moda unos espectáculos llamados minstrel, que eran representaciones teatrales en las que hombres blancos se embetunaban la cara para hacer representaciones burlescas de las personas negras. O sea, estamos hablando de una forma racista de entretenimiento para las personas blancas.

De estas interpretaciones surgieron unos personajes arquetípicos según el género de los personajes interpretados. En el caso de los hombres, uno de los personajes arquetípicos más habitual era el esclavo viejo y fiel, que adoraba a su amo (es el papel de Samuel L. Jackson en Django Unchained). Los roles arquetípicos adjudicados a las mujeres en el minstrel, también interpretados por hombres blancos embetunados, iban desde lo cómico hasta lo hipersexualizado. El papel de Hatie McDaniel en Lo que el viento se llevó, Mamy, es un personaje arquetípico que encarna a la esclava de mediana edad, dócil, poco agraciada físicamente y con un fuerte instinto maternal (el mismo papel que interpretó Viola Davis en Criadas y señoras). Estos dos ejemplos son la encarnación del arquetipo de Mammy.

Otro arquetipo femenino era el de Sapphire. Representaba a una mujer negra maliciosa, autoritaria, innecesariamente ruidosa y violenta. La negra cabreada. El arquetipo de Sapphire se ha ido perpetuando y reproduciendo constantemente a través de la cultura popular. Esas representaciones se han repetido tanto hasta la saciedad que han terminado calando en la mentalidad de la sociedad como si fueran ciertas, sobre todo para personas que no se relacionan habitualmente con mujeres negras. Y de ahí que en muchas ocasiones las mujeres negras seamos percibidas como folloneras, bordes, demasiado expresivas, tozudas y groseras. El arraigo de este estereotipo como real lleva a muchas mujeres negras a inhibir sus expresiones por miedo a ser etiquetadas como negras cabreadas. Y si no, que se lo digan a Serena Williams.

Misogynoir

El término misogynoir fue acuñado en 2010 por la feminista negra lesbiana Moya Bailey para referirse a la misoginia dirigida hacia las mujeres negras en la cultura visual y popular estadounidense. Y la misogynoir es algo que también ejercen los hombres negros contra las mujeres negras, a través de la misoginia y el racismo interiorizado que asocia la negritud con la inferioridad. Por tanto, las mujeres negras estamos sujetas a la opresión de la antinegritud y de la misoginia al mismo tiempo. Es decir, soportamos el sexismo racializado y el racismo sexista. Y esto es la misogynoir.

De esa conjunción de opresiones, surge una deshumanización de la mujer negra que, en parte, se ha  extendido también a través de la cultura del hip-hop y del rap, y de los mensajes de artistas negros que constantemente denostaban a las mujeres negras a través de las letras sus canciones y de sus vídeos musicales.

Cuando en 1962 Malcolm X dijo «la persona más insultada en Estados Unidos es la mujer negra. La persona más desprotegida en Estados Unidos es la mujer negra. La persona más olvidada en Estados Unidos es la mujer negra», hablaba de cómo, a causa de la misogynoir, se perpetúa la deshumanización constante y la humillación hacia la mujer negra, también por parte de los hombres de la propia comunidad.

Si Jada hubiese respondido

Algunos de los discursos han llamado a Will Smith machista por arrebatarle a su mujer la oportunidad de defenderse por sí misma. Sin embargo, si ella se hubiese levantado y se hubiese defendido —y no me refiero a ninguna agresión física—, Jada Pinkett-Smith habría encarnado, en ese preciso momento, el estereotipo de follonera, borde, expresiva y grosera. Hubiese confirmado, ante los millones de personas que veían la gala, que es una negra cabreada. Porque algunos cuerpos no tenemos permitida la expresión de la rabia. Porque, cuando la expresamos, nos convertimos en esa construcción sesgada que pesa sobre nosotras. Y no podemos permitirnos ese lujo.

Creo que este es uno de los motivos por los que Jada no respondió. Porque, además, una actriz negra mostrándose vehemente en televisión puede ver cómo se le cierran puertas, porque nadie quiere trabajar con una mujer negra difícil.

Una perspectiva diferente

Teniendo en cuenta, por lo tanto, que si Jada Pinkett-Smith hubiese respondido se la hubiese condenado duramente, se puede hacer una lectura alternativa de la reacción de Will Smith, aunque insisto en que hubiera preferido un tipo de reacción constructiva en vez de la violencia, de verdad.

Will Smith estaba rompiendo con la misogynoir latente que permite la burla y la humillación de las mujeres negras de forma constante en los espacios públicos, como ha estado sucediendo con el escrutinio absurdo al que sometieron a la jueza Kentaji Brown Jackson a causa de su nominación como miembro de la Corte Suprema; o como el comentario que Jane Campion les hizo a las hermanas Venus y Serena Williams hace tan solo unos días.

La misogynoir es real y está muy aceptada. En Estados Unidos y en el resto del mundo. A las mujeres negras se nos insulta más cuanto más oscura tenemos la piel —pero del colorismo habría que hablar otro día— y nadie dice nada al respecto, porque se considera que valemos muy poco. Tan poco, que ni siquiera la mayoría de los hombres negros están dispuestos a apoyarnos cuando somos violentadas. Y mientras, nosotras, como mujeres negras, seguimos fomentando el amor hacia los hombres negros. Mostramos tanto amor que incluso en ocasiones, nos callamos las agresiones que recibimos por su parte porque sabemos que, si las denunciamos, el peso del racismo caerá sobre ellos y no es eso lo que queremos.

Para ir acabando

En este cruce de diagnósticos y veredictos que se han lanzado se ha perdido el punto de que Will Smith ha dejado claro de que la misogynoir es del todo inaceptable y debe terminar.

¿Que hubiese preferido hacerlo de un modo mucho más constructivo, como hizo el senador Cory Booker con la jueza Brown Jackson? Claro, hubiese sido mucho más constructivo que, ya que se levantaba hubiese evidenciado lo problemático del supuesto chiste de Brown. Pero no lo hizo, y no sé si vale la pena que demos muchas vueltas a lo que hizo, como si fuésemos adalides de la moral; yo, por lo menos, sé que no lo soy y no sé qué hubiera hecho.

En cualquier caso, sirva este largo artículo para eso: recuperar la importancia de la perspectiva interseccional en el análisis de estas cuestiones. No se puede hablar de lo que pasó en ese momento sin tener en cuenta la perspectiva de la racialización, porque desde el eurocentrismo se pierde una perspectiva más amplia que ignora un contexto histórico que presenta diferencias cuando se trata de la misoginia que vivimos las mujeres negras. Y si el feminismo tiene que ser interseccional o no será, que lo sea también cuando analizamos estas situaciones.