Dominio público

En pobreza, llueve sobre mojado

Ana González Blanco

Secretaria de Política Social y Diversidad - CCOO de Madrid

Miembros de la ONG Fundacion Madrina reparten alimentos entre personas necesitadas, en Madrid. REUTERS/Juan Medina
Miembros de la ONG Fundacion Madrina reparten alimentos entre personas necesitadas, en Madrid. REUTERS/Juan Medina

Solo seis semanas antes de la declaración del estado de alarma y del estallido de la emergencia sanitaria provocada por la covid-19, el relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, Philip Alston, visitaba nuestro país.

En su informe, presentado en Ginebra el pasado mes de julio tras haber recorrido seis comunidades autónomas de muy diferente perfil -Cataluña, Andalucía, Extremadura, Galicia, País Vasco y Madrid-, el experto independiente construye un argumentario demoledor sobre la incidencia de la pobreza en España.

Un análisis crítico, contrastado y pegado al terreno que deja patente la extrema gravedad de los indicadores oficiales de nuestro país, resaltando de forma expresa y literal que "la recuperación ha beneficiado, principalmente al estrato más rico de la sociedad y, en gran medida, los poderes públicos han fallado a las personas que viven en la pobreza (…) El crecimiento de las rentas del 1% más rico crecieron un 24%, el 90% más pobre experimento un crecimiento por debajo de la media, un 2%".

Alston es rotundo y claro, desgarrador. Unas cifras detrás de las cuales hay personas de carne y hueso que se sienten abandonadas con razón. Crece la riqueza en los colectivos más adinerados mientras que los recortes que sufrieron muchos servicios públicos y mecanismos de protección después de la crisis del 2008, siguen vigentes, recalca el relator y no le falta razón.

En Madrid lo sabemos bien. No en vano, nuestra región tiene un deshonroso protagonismo en la exposición del representante de Naciones Unidas. La región más rica de España, con un PIB per cápita un 35,7% superior al nacional, por delante de País Vasco o Navarra, mantiene unas bolsas de pobreza intolerables.

Una seña de identidad de un Madrid desigual, profundamente injusto y que consolida la pobreza como un elemento estructural sin mover una pestaña. Desde diferentes ámbitos sociales y ciudadanos, desde el mundo sindical, llevamos ya décadas denunciando los riesgos y las peligrosas tendencias que se iban arraigando en nuestra región. La expansión de la precariedad en sus diferentes perspectivas y dimensiones, una precariedad laboral y económica que deriva en una forma de vida precaria, combinado con un reparto injusto de la riqueza y las debilidades de los mecanismos regionales de protección social es la leña que alimenta un fuego que se extiende sin control.

Más de 150.000 familias madrileñas con todos sus miembros en paro, el 6% de los hogares en la región, 300.000 niñas y niños víctimas de la pobreza, un tercio de las mujeres menores de 30 años en riesgo y cerca de 400.000 personas que están trabajando y que son pobres, no son cifras, son -como afirma el relator de la ONU- rostros y vidas robadas, usurpadas, expuestas a la deriva y sobreexpuestas hoy al contagio de un virus que campa a sus anchas en terrenos más vulnerables y débiles.

Nos enfrentamos a un hecho estructural, irresponsablemente cronificado y que requiere, naturalmente, de respuestas de contención inmediatas, pero exige medidas globales y transformadoras que reduzcan drásticamente estas desigualdades.

Resulta vergonzante asistir a imágenes como las colas del hambre que nos retrotraen a etapas preconstitucionales, comprobar como sólo se aprueban ocho prestaciones de RMI (Renta Mínima de Inserción autonómica) mientras miles de madrileños y madrileñas no cubren sus necesidades más básicas y vitales, o asistir a recetas segregadoras de contención de la expansión del virus en nuestros barrios más empobrecidos, eso es Madrid.

Sí, un Madrid en manos de un Gobierno Regional errático, casi siempre esperpéntico, obsesionado en su estrategia de confrontación con el Gobierno de España que nos arrastra a la deriva en medio de una inmensa confusión y un sufrimiento que pone en juego nuestras vidas. Una estrategia intencionada, de graves consecuencias sobre la vida, la salud y la economía de la ciudadanía, al servicio únicamente de los intereses partidistas e incluso individuales de una presidenta que, sinceramente, no nos merecemos.

Y mientras tanto la pobreza y la pandemia caminan de la mano, arrasando en una travesía hoy cada vez más oscura y sin final a la que cada vez se suman más madrileños y madrileñas golpeados por los efectos, todavía imprevisibles, de esta nueva crisis económica y social.

No podemos esperar. Lo desconocido de la primera ola, hoy son certidumbres que deben ser urgentemente corregidas. En Madrid, sobre pobreza llueve sobre mojado.