Opinión · EconoNuestra

Uber y el peligro de los gig jobs

Hiscio Belluga Molina
Estudiante del Máster de Economía Internacional y Desarrollo de la UCM

Hace unas semanas todos fuimos testigos, especialmente los madrileños y madrileñas, de la concentración de los grupos sindicales principales del sector del taxi para defender sus derechos frente a la agresión de una competición, no sólo salvaje a nivel de precios, sino que también desigual a la hora de declarar impuestos, beneficios y las exigencias gubernamentales a las que se enfrentan. El sector del taxi tradicional, se está enfrentando a una batalla que significa la supervivencia de la profesión como la entendemos hoy en día y aunque parezca que en realidad, la aparición de negocios como Uber, Lyft o cualquier otro que se nos ocurran aparentemente resultan muy beneficiosos para los consumidores, a largo plazo van  a resultar terriblemente dañinos para todos los trabajadores y trabajadoras.

Antes de seguir, es preciso indicar que voy a hablar principalmente del modelo de Uber en los Estados Unidos, sabiendo que en España Uber posee unas particularidades especiales, pero las decisiones se toman en San Francisco y seguramente por fuerza de presión, si no se hace nada al respecto, acabarán ocurriendo también en España posteriormente y que en ningún caso, en este artículo digo que el sector del taxi sea perfecto, como en todos los negocios existen buenos taxistas y malos taxistas, existen mafias y timadores, pero eso no puede hacernos caer en la trampa de entender que todos los taxistas son unos ladrones o que quieren engañarnos cada vez que nos montamos en su coche. Lo que de verdad me interesa exponer es que el sistema de salario y beneficios que reciben los trabajadores de Uber, puede ser extrapolable a otras industrias que terminaría por destruir muchas de las condiciones laborales más o menos dignas que tenemos hoy en día y que por ello, como trabajadores y trabajadoras, deberíamos aunarnos en solidaridad con el gremio del taxi para que modelos de negocio tan mezquinos y ruines como el de la app de la U negra no puedan ser permitidos.

Haciendo un poco de retrospección, Uber nació allá por el año 2009 en los Estados Unidos como UberCab pero no empieza a coger pujanza y a nacer como un peligro para el sector del taxi hasta finales del 2012 o principios del 2013 que es cuando nace la modalidad UberX, que es la modalidad que la mayoría de nosotros conocemos en la que cualquiera que no tenga un historial criminal y que tenga su propio coche, puede trabajar para el gigante de San Francisco. La idea de UberX en realidad nace de un vacío legal del cual se aprovecha también Blablacar, un conductor que va hacia un destino al cual el consumidor quiere ir es recogido y pagado un precio acordado entre ambos anteriormente, la compañía se lleva parte del dinero obtenido porque ambos, el oferente y el demandante han utilizado su espacio virtual para ponerse en contacto y realizar el viaje. La diferencia entre Blablacar y Uber radica en que la compañía francesa en realidad lo único que hace es de verdad poner en contacto a viajeros y conductores, mientras que Uber, aprovecha (al menos en las ciudades donde se lo permiten), este concepto de car sharing y funcionan como una agencia de taxis piratas.

También aprovechando este vacío, Uber termina contratando a sus conductores como autónomos, o como ellos los llaman partners. Es decir que no se hacen responsables por las incidencias que les puedan ocurrir al vehículo, que por supuesto pone el propio trabajador, mientras se está trabajando. También al ser autónomos es muy difícil sindicarse o hacer un grupo de presión, para más inri, se establece en la app un sistema de ratings que fomenta la competitividad entre los trabajadores en vez de la solidaridad entre ellos. Por otro lado, por la misma situación de ser partners y no trabajadores asalariados, no hay un salario mínimo para quien trabaja en Uber, en la página web de reclutamiento dan una media estimada al alza que no indica cuantas horas y en qué condiciones hay que trabajar para poder ganar los 19 dólares la hora que ellos afirman que se pueden ganar.

Dicho esto, la parte más chocante e incluso insultante para el resto de los trabajadores y trabajadoras, que corremos el peligro de acabar en una situación similar, es el concepto de beneficios que tiene la empresa a costa del trabajador. De toda la vida en el modelo de producción de mercado en el que vivimos, el modelo capitalista, siempre ha entendido que el dueño de una empresa, que tradicionalmente recibe el nombre de capitalista, recibe los beneficios del capital, o dicho de otra forma, de los medios de producción que este dueño de la empresa pone a disposición de los trabajadores, con esta simbiosis y este acuerdo, los trabajadores producen con el capital del dueño de la empresa; y con la combinación de capital y trabajo se reparten los beneficios, de manera más o menos justa. Pero en el caso de Uber, el trabajador pone su propio coche, es decir, el capital de la empresa, lo proporciona el propio trabajador, pero el beneficio empresarial, se lo llevan los corporativos de Uber, que a parte de ordenadores y teléfonos móviles, la maquinaria de la empresa, lo que de verdad permita que sobreviva la empresa, son los coches que aportan los trabajadores.

Este modelo de trabajos en los Estados Unidos se llama gig jobs. Este tipo de trabajos son trabajos que serían algo así como trabajos de oportunidad, en los que los realizas para poder darte a ver y finalmente encontrar algo mejor. Tradicionalmente, en el país norteamericano estos tipos de trabajos estaban reducidos a los artistas y músicos, que se iban a actuar en un bar con sus propios instrumentos con las expectativas de que en su actuación estuviesen presentes managers o personas que impulsasen sus carreras. El peligro de estos gig jobs, radica en que alguien los interprete como algo permanente, es decir, como ha hecho el dueño de Uber, que además, no ha dudado en utilizar precios agresivamente bajos en ciudades donde se les ponía dificultades para poder realizar su negocio para ganarse el apoyo popular y ejercer presión a las autoridades locales para poder seguir practicando este modelo de negocio explotador.

Puede que hoy en día, en el sector en el que nosotros y nosotras trabajamos, este modelo no se está aplicando, pero el día en el que nuestros empresarios se den cuenta de que pueden aplicarlo, igual que Uber, nuestra calidad de vida, nuestros beneficios sociales y a fin de cuentas, nuestra dignidad como personas, correrán un grave peligro.