Opinión · EconoNuestra

BREXIT, lo que se oculta en el debate

Fernando Luengo
Forma, parte de la candidatura de Podemos a la Comunidad de Madrid “Madrid Avanza”
@fluengoe
https://fernandoluengo.wordpress.com

El carrusel de noticias sobre el BREXIT (la salida del Reino Unido de la Unión Europea, UE) gira y gira sin parar… un nuevo referéndum, convocatoria de elecciones generales, ampliación de los plazos acordados con Bruselas, renegociación del acuerdo ya existente. Como casi siempre en los debates políticos -con algunas clamorosas excepciones (quiero destacar la reciente intervención de mi compañero Pablo Bustinduy en el Congreso de Diputados, https://www.youtube.com/watch?v=Y0Vbp8UdWSM)-, el anecdotario, los grandes titulares y el rifirrafe, ocupan el lugar de los problemas de fondo. Algunos ejemplos.

No he leído ni una sola palabra sobre la formidable regresión salarial experimentada por el Reino Unido. De acuerdo con Eurostat (la Oficina Estadística de la Unión Europea), La compensación real por trabajador ocupado era en 2018 un 3,7% inferior a la existente en 2007; el cuarto país de la UE que ha conocido un retroceso más pronunciado. Los economistas nos hemos cansado de hablar de la década perdida latinoamericana, ¿qué nombre le ponemos a esto?

Sin noticias, asimismo, sobre la relevancia del trabajo a tiempo parcial, que en 2017 afectaba a una quinta parte de la población trabajadora; porcentaje que, como en el caso anterior, también se situaba muy por encima del promedio comunitario. Este dato, que nos habla de “trabajo indecente” (rescatando el término utilizado por la Organización Internacional del Trabajo) y de infraocupaciones, cobra toda su significación cuando sabemos que una parte de esas contrataciones son involuntarias, es decir, los trabajadores desearían trabajar más horas. Esto supone desempleo encubierto; ¿hasta cuando seguiremos dando el visto bueno a las estadísticas oficiales del desempleo?

En la confusión que reina en el debate del BREXIT tampoco aparece, o no lo hace con la suficiente entidad, el problema de la desigualdad. Y debería hacerlo. Eurostat confirma que la inequidad, medida por el coeficiente de Gini, es superior a los niveles previos a la crisis; y que el Reino Unido se encuentra entre los países con una fractura social más pronunciada.

El 22% de la población está situada en niveles de pobreza y exclusión social, y un porcentaje similar de trabajadores pueden ser calificados como de bajos salarios. Al mismo tiempo, según el Global Wealth Databook (Credit Suisse), el 4,8% de la población adulta, 2,4 millones de personas, acumulan una riqueza superior al millón de dólares; y algo más de un centenar de personas atesoran más de 500 millones. Concentración extrema de la renta y la riqueza, que, junto a una concentración empresarial -que no ha dejado de intensificarse, en torno a un número reducido de corporaciones- nos sitúa ante un escenario de ocupación por parte de las oligarquías de la política y de lo público; ningún otro momento del capitalismo ha conocido una fusión tan intensa, y tan peligrosa, entre el poder económico y político.

Con los datos precedentes tan sólo he querido ofrecer algunas pinceladas, tomadas a vuelapluma, de un cuadro socioeconómico con la única intención de reivindicar la necesidad de introducir más complejidad a la cuestión del BREXIT y también al debate europeo. Dar la centralidad que merece al análisis de los costes y los beneficios de los procesos de integración, de los perdedores y los ganadores de los mismos, nos situará en mejores condiciones, no sólo para entender las causas del BREXIT, sino también la quiebra del denominado “proyecto europeo”, el ascenso de la extrema derecha y la derechización de los partidos del establishment. En ese enfoque también encontraremos las izquierdas algunas de las claves para defender Otra Europa.