2010 – AUTOESTIMA Y COMPROMISO

 

Juntos podemos

 

 

La primera tarea a emprender en este año que empieza, podría ser la de transmitir nuestra felicidad a las personas que componen nuestro entorno afectivo, laboral, familiar y social. Para poder hacerlo, habríamos de ser felices nosotros antes, claro. Confiar en nosotros mismos es condición sine quanon. ¿Como se confía en uno mismo si hemos tenido que encajar la ausencia de seres queridos, las puertas en las narices en nuestros trabajos, calabazas en los exámenes, separaciones amorosas, diagnósticos médicos inquietantes?

El contexto no ayuda mucho, desde luego, pero en mi opinión, la gran esperanza para nuestra recuperación, está en la enseñanza que nos dá, la propia crisis de valores y principios neoliberales salvajes del viejo sistema capitalista, que se ha resquebrajado desde sus circuitos integrales financieros, ante nuestras narices.

Podríamos darle la vuelta, aprovechar el derrumbe y por ahí, por sus grietas, impulsar un nuevo paradigma, otro modelo de sociedad, de desarrollo, porque esas grietas y fisuras, son precisamente la entrada al núcleo caduco que muchos ansiamos superar, porque sin superarlo otro mundo no será posible, a una crisis seguirá otra, ya que el capitalismo en su codicia, produce excesos de oferta, se satura el mercado, las empresas cierran y nosotros…a la rue, donde nuestra auto-estima y la incertidumbre ante el futuro, se diluyen como un azucarillo en el café.

Esas luces que se cuelan por las grietas del sistema, son en realidad procedentes de la auto-combustión desde su núcleo e iluminan las keynesianas oscuridades en que deambulamos, algo perdidos, pero l mismo tiempo nos muestran el camino a su desactivación. La errandía de los movimientos de anticipación, las grandes manifestaciones sindicales, misas de obispos contra los Derechos, atrapes en aeropuertos, el aumento de la cifra de personas que viven bajo el nivel de la pobreza en nuestro país, la corrupción con los fondos públicos, los secuestros, las victimas de las guerras, los campamentos de refugiados, los desplazamientos de masas que huyen del hambre y los bombardeos, componen un panorama que nos obliga éticamente a actuar, a incidir , a no quedarnos en casa, al margen de su superación.

 

Animarnos a abandonar el acartonamiento, el inmovilidad de las estatuas de sal en que ha convertido a muchos la caída, el derrumbe del sistema que vivíamos, es reconocer que existen respuestas alternativas en España, en Europa y en el mundo. La crisis del modelo consumista que nos alienaba, a sabiendas de que se sostenía en base a una explotación del hombre por el hombre salvaje, con ERES injustificados o deslocalización de fabricas o guerras de colonización y depredación de materias primas ajenas, nos ha devuelto no obstante a la realidad, nos ha puesto ante la evidencia de que por el camino del abandono del compromiso político que lucimos en la década de los setentas, o que estrenan hoy los jóvenes, por la vía de la vida muelle, superficial e inculta, competitiva e insolidaria, ibamos mal, muy mal.

Para que nazca lo nuevo y sin sufrimiento alguno, por la vía pacífica, hemos de provocar un efecto masivo, dilatador de la confianza en cada uno de nosotros mismos. Comprometernos, responsabilizarnos en construir colectivamente, asociados, organizados, buscando siempre los mínimos denominadores comunes, nos hará incrustar los pilares, los cimientos, los graníticos sillares del nuevo modelo económico, cultural, educativo, social, pero exige que reaccionemos, que nos reencontremos de inmediato con el lado mas humanista y creativo de nosotros mismos.

Desaprender lo aprendido y poner en su lugar los factores del comienzo, fraternales, solidarios que sin duda todos albergamos en el bolsillo de algún chaleco olvidado al fondo del armario, redescubrir o estrenar el instinto de libertad, el respeto a los derechos adquiridos, contra la intolerancia y la gula, la bulimia del oro-oro-oro neocon, nos devolverá nuestro mejor rostro humano, positivo, y es algo que, si bién escuchamos, si ponemos la oreja en tierra, como los apaches, viene galopando de antigüo y se nos acerca.

 

Sí nosotros no confiamos en nosotros mismos, nadie confiará en nosotros. Tendríamos que respetar mas, mucho más nuestras posibilidades, nuestras bondades, ponernos en positivo ante la vida y olvidando la competitividad exacerbada a que nos ha forzado el capitalismo salvaje, exigir, reclamar, cooperativamente, en mi opinión, el reparto justo de los bienes interminables que nos dá la Tierra.

 

Que cada uno encuentre las habilidades y aptitudes, casi innatas que posee y desea desarrollar para ganarse la vida, para estar en el mundo, es la mayor aportación a la felicidad colectiva que podemos hacer y una terapia contra el malestar de la cultura del consumo, el dinero rápido, la impunidad y la corrupción, para que cese. Porque los trabajos basura, temporales, no deseados que sufrimos, es el antónimo de aquello para lo que nos hemos preparado concienzudamente, aprobando estudios y carreras universitarias. Un derroche de saberes.

Sumaron voluntades el 12.12 a las 12

La tarea de desalienarnos, de ser nosotros mismos, exige anteponer la lógica a la sinrazón, vencer obstáculos y resistencias, sustituir creencias y supersticiones mas propias de la infancia de la humanidad, por saberes y análisis críticos sobre nuestro entorno, sustituir los hábitos de consumo y costumbres salvajes con los animales y la Naturaleza, que aun nos atan al viejo artefacto capitalista, neoliberal, político, social y cultural. Si no nos desanimamos en el intento, pronto notaremos que nuestros esfuerzos y actividades dan un gran resultado, obtienen eco e impregnan de sentido nuestras vidas y no solo en el microcosmos de cada uno, si atendemos al efecto mariposa.

Vencer las dificultades nos hace mas fuertes. Si nos armamos de valor, dejamos de ser nuestros peores enemigos y confiamos en nosotros mismos, nos descubriremos una mañana, mas felices y realizados. Nuestra vida será ya otra. Transmitir a los demás toda la fuerza vital que ese estado de ánimo desprende, creara redes, entornos menos depresivos, más optimistas. La suma de todas esas redes, mejorara la autoestima en la ciudad, los pueblos o aldeas que habitamos y entonces, recuperados la confianza y el compromiso, volveremos a estar muy orgullosos de haber participado con nuestro esfuerzo, nuestra voluntad e impulso positivo, a la salida de la crisis, de pertenecer a esta especie, a este ruedo ibérico, a Europa y al mundo.

Nadal se supera a sí mismo

 

Madrid, 1 de Enero de 2010 21:01 h