Me fío de Ángel Gabilondo

Desde ya lo digo, por si nadie sabe de mis intenciones, que un día de estos voy a emprender una cruzada y, carrito del «carrefur» en mano,  me voy a plantar a la puerta de esos restaurantes que tienen un ninot con la figura de un cocinero obeso y voy a secuestrar a cada uno de ellos. No voy a llevarles a Corporación Dermoestética ni al programa Saber Vivir, no, voy a recolectarlos para San Juan y sus hogueras. ¿Es esa la imagen de los cocineros y cocineras en este país? Pues a la hoguera con ellos y ellas. ¡Renovemos nuestra «figura»!. (esto me ha quedado como un anuncio de tele-tienda nocturna)

Me fio de  Ángel Gabilondo porque «le gusta comer y beber,  tiene un gran apetito», ha dicho su hermano. Ya os digo, queridos lectores, que eso es un marchamo de calidad. Puede que lo haga bien, mal o regular pero alguien que aprecia la comida es «persona» a tener en cuenta. Si a esto le sumas que, según una pequeña reseña biográfica, «se ocupa de aspectos relacionados con el problema del lenguaje y la posibilidad de pensar de otra manera y de procurar espacios concretos para ello», el ministro de educación es el mejor de los posibles porque diálogo es lo que falta.

Imagino que saldrán más datos y hará unas primeras declaraciones. Espero que, cuando tenga que hablar de educación en nutrición,  lo haga con los arrestos suficientes como para llevar esta asignatura a los planes de estudio en las escuelas e institutos y no sea sólo una actividad extraescolar el día del «niño». Podría dar el nombre de asignaturas que me parece que sí deberían  estar fuera de los centros de estudio pero este blog es, creo, gastronómico. Creo en él porque cree en lo público y en la educación como derecho.

¿Y de Ángeles González-Sinde? ¿Me fio? Ni idea. Sólo espero que sus discursos sean menos soporíferos que los que ofrece en las galas de los Goya. Espero y deseo que tenga suerte, que tenga la sensibilidad suficiente para considerar a la enogastronomía como un hecho cultural a tener en cuenta, que no emita juicios de valor a lo Touriño, como cuando se le ocurrió decir que» había abandonado los restaurantes de lujo«. (lean a los blogogastrónomos galegos y verán)

Confío en que, además de al cine y al mundo de «las músicas» , apoye iniciativas y favorezca sinergias con otros ministerios como agricultura, industria, educación, para que como ciudadanos tomemos conciencia de la riqueza cultural que supone para un pueblo el mantener una tradición enoculinaria y lo que significa que ésta conviva con la vanguardia,  algo en lo que no hemos sido, por complejo de inferioridad, nunca nada fuera de las fronteras.

Este país exporta literatura, cine, música, …… ¿No es hora de que se le haga un hueco a la enogastromía? Yo creo que sí y eso es lo que espero del nuevo ministro y de la nueva ministra. Suerte.