El tablero global

A merced de los vientos, las borrascas y... la lava

España ha tenido que responder a las críticas del secretario de Estado francés de Transportes, Bussereau, para negar que se hubieran perdido 48 horas en coordinar la respuesta conjunta europea a la nube de cenizas volcánicas... y de paso reprocharle que la huelga de trenes en Francia complicó aún más la repatriación. También hubo que replicar al director de la IATA, Bisignani, que no es cierto que se tardase cinco días en organizar una videoconferencia de ministros de Transporte, sino que a las 24 horas ya se estaba preparando la decisión común que finalmente adoptaron el lunes... cuando ya habían sido cancelados 63.000 vuelos en el continente.
Pero Bussereau insiste en que no logró, pese a pedirlo reiteradamente, que Madrid convocase el tele-encuentro ministerial el sábado o el domingo, que ya se sabe que son días malos para reunirse. Y Bisignani reitera que las autoridades de la UE "no hicieron evaluación de riesgos, ni consultaron con las aerolíneas, ni se coordinaron, ni exhibieron liderazgo", hasta que la crisis estaba ya fuera de control.

Parece evidente que la UE se ha visto superada por su primera emergencia aérea global, al reaccionar burocráticamente, ordenando el cierre masivo y automático de todos los aeropuertos sobre la base de meras suposiciones y de simulaciones informáticas de un ordenador en Londres. Ni se tomaron medidas reales de los niveles de ceniza en la atmósfera, ni se hicieron vuelos de prueba, ni se estableció un criterio flexible de actuación... Dicen los expertos que con el protocolo de seguridad que EEUU aplica en estos casos, muchos de los vuelos no habrían sido cancelados.
Y ahora, ¿qué? Pues que seguimos confiando en que los vientos, las borrascas y la lava nos libren de las cenizas.