Opinion · El tablero global

Eugenio Pino, ex número dos de la Policía, se autoincrimina en su entrevista/confesión

Parece una operación Salvar al soldado Pino, pero en realidad el tiro le sale por la culata. Algo grave para el que fuera Director Adjunto Operativo de la Policía, es decir número dos del Cuerpo pero verdadero jefe máximo de las operaciones policiales y con relación jerárquica directa con el ministro del Interior.

En vista de las revelaciones exclusivas de Público sobre la brigada política policial que operó durante el mandato del ministro Fernández Díaz para destruir las reputaciones de los rivales políticos del PP, Eugenio Pino acaba de dar una entrevista-río a toda portada en El Mundo, donde pretende desmentir todo lo que hemos demostrado con documentos, testimonios y hasta grabaciones de las voces de los implicados. Pero el resultado es patético: en vez de una declaración de descargo, lo que hace es una confesión autoincriminatoria.

Para empezar, Pino se queja de que «los jueces en España son muy garantistas. Lógicamente en otra época había jueces más decididos, pero ahora son garantistas hasta el final y prefieren ajustar todo el procedimiento a unas pruebas reales y efectivas».

¡Vaya, hombre! Así que es intolerable que los magistrados reclamen «pruebas reales», en vez de los sucesivos montajes policiales con datos falsos filtrados a medios de comunicación. Por tanto, claro, pidió varias veces a los jueces que se detuviera a los Pujol (no aclara a cuántos, o si se refiere a toda la familia) pero no lo autorizaron. ¿Por qué? «Lo ignoro. Quizá que las pruebas no eran muy consistentes». ¡Anda! ¿Así que pretendía detener a un montón de los Pujol con pruebas poco consistentes? Genial.

Y no bromeo cuando hablo de montajes policiales, ya que hemos desvelado una y otra vez –nosotros sí con pruebas consistentes– que los pretendidos informes internos de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) filtrados a la prensa en el origen del caso Pujol fueron manipulados para incluir acusaciones y datos sin confirmar contenidos en «notas informativas» policiales elaboradas sin membrete ni firma ni visos de credibilidad. En cambio, Pino asevera que no fueron sus comisarios de información los que investigaron a los Pujol: «Ha sido siempre la Udef, la Udef y la Udef». Es bien fácil demostrar la falsedad de esa afirmación.

Más aún, dice Pino, «Villarejo sólo tiene una participación en el caso de (Javier) De la Rosa con una relación que desconozco. Nada más». ¿Nada más? Pero si el propio comisario José Manuel Villarejo Pérez se ha presentado ante notario para certificar que él fue el autor de las sucesivas «notas informativas» sobre la «situación en Cataluña» –encabezadas: «NI – SUMARIO PUJOL–, en las que llegó a sostener que, en cuanto a la fortuna de los Pujol en Andorra, «en ningún caso, en el BPA, el volumen propio sería inferior a 500 millones [de euros] y en caso de referirse a fondos indirectos [a nombre de fiduciarios], de unos 1.500-1.800 millones de €».

¡Ahí va! Pero si todos los activos de la Banca Privada d’Andorra ascendían a muy poco más de esas cifras. ¿Cómo se iban a creer los jueces semejantes delirios?

¿Qué Villarejo sólo hizo la operación con De la Rosa? Pero si fue ese comisario quien, haciéndose pasar por el periodista de El Mundo Javier Hidalgo, convenció a la exnovia de Jordi Pujol Ferrusola, Vicky Álvarez, para que declarase contra el primogénito del expresident. ¿Quiere el exDAO que le demostremos eso irrefutablemente?

Por cierto, Villarejo se hacía pasar por periodista de El Mundo gracias a la coartada que le ofrecían sus amigos Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, este último autor de la entrevista y quien afirma entre paréntesis: «(Cabe recordar que el ex financiero declaró ante la Udef que la familia Pujol tenía cuentas en Suiza y su testimonio dio origen al caso)». Pues no, resulta que eso tampoco es verdad. El caso se origina en las revelaciones que Vicky Álvarez le hace a la líder del PP en Catalunya, Alicia Sánchez Camacho, en su ya famosa conversación en el restaurante barcelonés La Camarga, que se remonta a 2010. Y eso también podemos demostrarlo.

Además, eso es de dominio público y se han escrito ríos de tinta sobre ello, pero Pino aduce: «No conozco bien la participación de la ex novia de Pujol Ferrusola». ¿Y quería detenerlos a todos? ¡Pero si fue ella la que puso en marcha toda la operación!

Después alega que el misterioso pendrive aparecido de pronto –que amenaza con dar al traste todo el caso Pujol– tiene, como no, su origen en el exjefe de Asuntos Internos al que él y el resto de la brigada política tratan de colgarle todos los muertos de las cloacas de Interior: «El señor Martín Blas aparece con ese pendrive que, al parecer, según me cuentan, se lo han dado unas personas próximas a la agencia Método 3. Ese es el origen».

Pero bueno, si hasta él mismo ha tenido que reconocer ante el juez José De la Mata que ese pendrive lo tuvo él metido en un cajón durante cuatro años. Y el magistrado ha tenido finalmente que averiguar que fue Pino quien ha a sacado a la luz esa ¿prueba? contaminada, tras comprobar que era falso el informe inicial (firmado en verano por el entonces jefe de la Brigada Central de Blanqueo de Capitales de la Policía) de que se lo hacían llegar desde el Juzgado 14 de Barcelona. Una falsedad en documento oficial que se produce el pasado verano, cuando Pino está plenamente en activo como Director Adjunto Operativo de la Policía.

Pues bien, el juez De la Mata ha tenido que ir rastreando el origen de esa aparición de la virgen del pendrive pidiendo explicaciones a un comisario principal y un inspector jefe, quien finalmente tuvo que reconocer ante el magistrado que ¡se lo había dado su jefe, Eugenio Pino! ¿Y ahora viene a contarnos que el malo de la película es Martín Blas? Pero si ya lleva años apartado de todo contacto con la Policía, formando parte de la comisión judicial que investiga la grabación ilegal a agentes del CNI y de Asuntos Internos por el caso Nicolás.

Vaya, ahora que lo pienso: esa causa es precisamente en la que Pino no quiere ser llamado a declarar de nuevo y por eso se reunió con un coronel del CNI amigo suyo para advertirle:

Le dije: «Oye, si me llaman a declarar en el asunto del pequeño Nicolás que sepas que yo sé que tenéis el teléfono intervenido y que lo voy a decir, o sea, que no me llamen a declarar».

Eso lo hemos publicado en este diario aportando el audio de su voz diciéndolo. ¿Por qué no le pregunta Urreiztieta en la entrevista por el significado de esa frase?

Bueno, sería muy pesado repasar todas las falsedades contenidas en esa entrevista. Pero vale la pena subrayar algo muy grave: cuando Pino defiende a Villarejo explicando que el origen de su fortuna está en una recalificación de tierras en Córdoba que le explicó el propio comisario, ¡está reconociendo que mintió al juez Zamarriego! Puesto que a ese magistrado le dijo que no sabía nada de los negocios de Villarejo.

Aunque, claro está, su advertencia al CNI de que no le llamen a declarar revela que ocultó datos al magistrado Zamarriego cuando testificó como DAO en activo y con la obligación de decir la verdad. ¿Qué es más grave para el más alto funcionario de la Policía? ¿La extorsión o la obstrucción a la Justicia?

No obstante, al que se le hace pagar el pato es al comisario Enrique García Castaño, con quien hablaba en esa conversación y al que se ha apartado de la Comisaría General de Información por ese desliz, pese a que no participó del chantaje al CNI. Mientras tanto, a Pino se le da cancha en uno de los más importantes medios de comunicación para que se justifique y reivindique su figura… incluso en cuanto a las grabaciones al ministro del Interior en su despacho oficial, que también desveló Público en exclusiva.

Lo que dice en la entrevista sobre esas grabaciones es también falso de toda falsedad –por emplear su misma frase negando que haya cloacas en Interior–, pero ese tema tiene tanta enjundia y tantas ramificaciones que sería excesivamente prolijo repasar también aquí esa sarta de mentiras. Así que lo haremos en una segunda entrega… igual que prometen una segunda entrega de la entrevista. Pero sí he de decir que resulta absurdo que el exDAO afirme: «De Jorge Fernández Díaz no he recibido nunca ninguna indicación». ¡Anda que no! ¿Era su número dos, asistía a todas las ruedas de prensa del ministro sobre temas operativos y nunca recibió ni siquiera una mera «indicación» de él? ¿Nos toma a todos por estúpidos?

Sólo dos cosas más: el titular que aparece en la versión impresa de la entrevista es falso: «Di la orden varias veces a mis brigadas de detener a los Pujol». Pino no dice eso en absoluto, sino sólo: «Yo he pedido varias veces que se les detuviera». ¡Sólo faltaría! En democracia, una orden de detención sólo la puede dar un juez, nunca un alto mando policial, salvo que sea un investigador al cargo de desarticular una banda de delincuentes o esté impidiendo un crimen in fraganti (y siempre será una detención preventiva a la espera del dictamen del juez).

Ahora bien, Pino no puede ocultar su nostalgia por esa «otra época» en la que «había jueces más decididos». ¿Se refiere a los del Tribunal de Orden Público del franquismo?

Y, para terminar, Eugenio Pino no nació en Oropesa, como arranca el texto de la entrevista, sino en la vecina Navalcán (Toledo). Vaya, una entrevista falsa desde la primera a la última líneas. Sí, sí. Porque en la última línea dice (sobre Villarejo): «Nunca he sospechado de él». ¡Pero si acaba de enviar una carta a El País desvinculándose de todas las actividades del comisario, quien en cambio dice que todo lo hizo «bajo órdenes del DAO»!

No cabe duda, como diría Carlos París, de que vivimos en la época de la mentira.