Tierra de nadie

La izquierda menguante

Desde luego es muy posible que Gordon Brown pierda las elecciones del próximo 6 de mayo y que, incluso, quede por debajo de los liberales de Nick Clegg, aunque no será desde luego por la manera despectiva con la que el premier trata a las viudas laboristas que le preguntan por la inmigración, por muy lamentable que haya sido su comportamiento con la buena de Gillian Duffy. Puede que el "pecador arrepentido" que es Brown tenga un problema de iracundia, algo que, en cualquier caso, es una nimiedad en comparación con el que padece el laborismo británico y, en general, la socialdemocracia europea.

Hace algo menos de una década había 13 gobiernos socialistas en Europa. Este mes quedaban cinco hasta que Hungría mandó al abismo al MSZP de otro Gordon, Bajnai. Se mantienen, por tanto, cuatro: los de España, Portugal, Grecia y Reino Unido. En mayo, según parece, tan sólo serán tres. ¿Es normal que en medio de una crisis económica como la actual, que sacudido los pilares mismos del capitalismo, la izquierda sea incapaz de construir una alternativa que merezca el apoyo de la ciudadanía? A la vista está.

¿Razones? Una y fundamental es que la izquierda europea no ha creído en su modelo ni cuando gobernaba, y ello explica que de su seno no haya salido ni una sola propuesta novedosa para combatir la crisis, ni mucho menos un discurso económico distinto al comúnmente aceptado. No es una crítica nueva. Algo muy similar a esto lo advertía el ex presidente portugués Antonio Guterres en el llamado Foro Mundial Progresista allá por el 2003: "Éramos ingenuos, estábamos en el gobierno pero no teníamos el poder debido al dominio intelectual neoliberal (...) En realidad nunca decidimos juntos los que debían hacer el FMI y el Banco Mundial y cómo se podían cambiar (...) Creíamos que, como estábamos en el Gobierno, no era necesario cambiar las normas y el sistema de gobernanza. Creíamos que éramos el sistema de gobernanza, pero no era así".

Eso mismo ha conducido a un peligroso mimetismo entre izquierda y derecha. No basta con decir que algo es de izquierdas para que lo sea, como pensaba Zapatero cuando bajaba alegremente los impuestos. Es preciso establecer diferencias claras porque, a falta de opciones distintas, la gente suele decantarse por el original antes que por la copia.