Tierra de nadie

Hamás educa a las mujeres

Hay violaciones de derechos humanos en Oriente Medio de las que Israel no es culpable. No lo es, por ejemplo, del sometimiento humillante que los palestinos imponen a sus mujeres, a las que, al menos en Gaza, se les ha acabado eso de fumar el narguile en lugares públicos, ya que Hamás ha detectado que el acto de expeler humo tiene fuertes connotaciones sexuales y, necesariamente, ha de ser contrario al Islam y a su profeta. La medida es tan arbitraria como impedir que las mujeres vayan en motocicleta, que puedan pasear solas por la playa sin la compañía de un familiar, que se corten el pelo en una peluquería de hombres, o que tengan que ir obligatoriamente cubiertas con el velo en tribunales, colegios y universidades.

La causa palestina despierta muchas simpatías en Occidente, donde se desconoce o se silba el only you ante la opresión que se ejerce sobre la población femenina. Apenas se menciona que los crímenes de honor son moneda corriente en  Cisjordania y Gaza, que la violencia doméstica no está tipificada como delito, que las ablaciones de clítoris no son excepcionales, sobre todo en los territorios más cercanos a Egipto, y que la tasa de fertilidad es altísima, no ya porque el aborto esté prohibido, sino porque las mujeres no tienen acceso a los anticonceptivos, tal y como muestran los informes de Freedom House.

A las mujeres palestinas le ampara la ley para obtener de forma independiente el pasaporte a los 18 años, siempre, claro está, que al funcionario de turno no se le antoje exigir el consentimiento del tutor masculino; pueden heredar, pero sólo la mitad que los hombres; están capacitadas legalmente para ser propietarias, aunque sólo acrediten esta condición menos del 10% del total; y hasta están facultadas para acudir a los tribunales, si bien es cierto que el código penal es distinto para los hombres, quienes además copan la práctica totalidad de los puestos judiciales.

Desde Hamás se ha explicado que estas concesiones al fundamentalismo islámico pretenden evitar que elementos relacionados con Al Qaeda consigan adeptos entre los ultraconservadores. Al fin y al cabo, el grupo siempre defendió la igualdad de la mujer, a la que ya no se discrimina cuando de lo que se trata es de cometer un atentado suicida. Lo del narguile, además, es por su salud.