Opinion · Tierra de nadie

Vox se hace feminista

Se pensaba que eso de normalizar a Vox era cosa de sus socios pero lo que nadie podía imaginarse es que otros grupos políticos colaboraran para presentar a nuestra casposa ultraderecha como defensora de los derechos de las mujeres, ya saben, ese colectivo infiltrado de feminazis alistadas al yihadismo de género que se inventan denuncias de maltrato por simple odio a los varones. Pues bien, lo impensable ha ocurrido y ha tenido como excusa la visita al Congreso de los Diputados de una delegación iraní de medio pelo, donde el rango más alto de sus miembros debía de ser equivalente al de un director general.

Para agradecer la reunión, la embajada de Irán en Madrid envió un correo al Congreso en el que finalizaba recordando que, por motivos religiosos, sus compatriotas no podían tener contacto físico con mujeres y que se trasladara a las diputadas que asistieran a la cita que se abstuvieran de estrecharles la mano en el momento del saludo. Puede que algunos interpreten la advertencia como un acto de discriminación hacia las mujeres pero también funciona en sentido opuesto. El año pasado una mujer sueca musulmana de 24 años que solicitaba un puesto de intérprete tuvo que ser indemnizada con unos cuantos miles de euros porque la empresa desechó su candidatura cuando se negó a estrechar la mano de uno de los hombres que la entrevistaba. Según justificó el tribunal, “el rechazo de la mujer a estrecharles la mano a personas del sexo opuesto es una manifestación religiosa protegida por el noveno artículo de la Convención Europea de Derechos Humanos”.

A lo que íbamos. Tras recibir el correo los servicios de protocolo de la Cámara trasladaron verbalmente el recordatorio a los distintos grupos, lo que fue aprovechado por los cruzados de Vox para montar la de Dios es Cristo en plan Reconquista, calificando de inadmisible que se relegara a las mujeres a un papel secundario y denunciando la intolerable cesión de la presidenta del Congreso a las exigencias de los infieles, de cuya visita ni es seguro de que tuviera constancia. Los chicos de Abascal se abstuvieron de decir que los miembros de la delegación profesan la misma religión que los representantes del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, el grupo terrorista opositor que financió en un 80% su campaña a las elecciones europeas de 2014.

Tan falso como afirmar que se había dispuesto un saludo protocolario a la delegación, más allá de la cortesía habitual de presentarse a quienes no te conocen, fue añadir que se había aconsejado a las diputadas que se limitaran a mirar a los iraníes pero de lejos. Si en el ánimo de esta gente hubiera estado el menospreciar a las diputadas habrían evitado, de entrada, reunirse con la Mesa y los portavoces de la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, mayoritariamente integrada por mujeres. Salvo el presidente, son mujeres las dos vicepresidentas y las dos secretarias de su Mesa, además de una de las portavoces del PSOE, las dos del PP, la de Ciudadanos y la de ERC.

El caso es que la fingida pataleta de Vox, que anunció su ausencia de la reunión, fue jaleada no sólo por sus socios de la derecha sino también por ERC. Rufián, al que la polémica debió de pillarle distraído con otros asuntos, explicó que había echado de menos que PSOE y Podemos secundaran el plante de Vox de la misma manera que había hecho su grupo, aunque para evitar un excesivo reparto de flores a sus colegas de ultraderecha les pidiera que dejaran de recortar las ayudas contra la violencia de género en Andalucía e inventarse conceptos como el de la violencia intrafamiliar. Por su parte, Podemos se justificó diciendo que nadie les había contactado y el PSOE se limitó a echar balones fuera.

Como se ha explicado, habrá quien se escandalice porque muchos musulmanes rehúsen dar la mano a mujeres que no son de su familia pero, seguramente, aceptarían la recomendación de no plantar dos besos a los representantes de una delegación japonesa y limitarse a inclinar la cabeza al saludarles, o la de no tocar a la reina de Inglaterra, aunque esa norma de protocolo está en desuso desde que Trump y, antes que él, Michelle Obama se la pasaron por el forro. Otra cosa es denunciar la injustificable discriminación que padecen las mujeres en Irán, aunque su situación, todo sea dicho, es bastante mejor que las de Gaza sin que nadie en nuestra izquierda propalestina se rasgue las vestiduras.

Lo criticable no ha sido que unos iraníes pidieran que las diputadas no les estrecharan la mano. Lo lamentable es que gracias a la estulticia de algunos partidos Vox pueda haberse erigido en defensor de la causa feminista y que, sin el más mínimo rubor, se permita incluso manifestar lo siguiente: “Es inaceptable, no deberíamos acceder a esas visitas y protestamos porque la delegación iraní pretendiera imponer su protocolo a los usos y costumbres de nuestra civilización. No puede ser que vengan de fuera sin el mínimo respeto a los derechos de las mujeres que tanto ha costado conseguir”. Para mear y no echar gota, oiga.